La Serenísima deja de ser de la familia Mastellone tras casi 100 años de historia

La Serenísima deja de ser de la familia Mastellone tras casi 100 años de historia

El grupo lácteo más emblemático de la Argentina pasó oficialmente a manos de Arcor y Danone, marcando el fin de una era en la industria alimenticia nacional.

La noticia sacudió al mercado: Mastellone Hermanos, la empresa que dio vida a la marca La Serenísima, fue vendida a la sociedad conformada por Arcor y Danone. Con esta operación, la compañía fundada en 1929 por la familia Mastellone deja de estar bajo el control de sus dueños originales, tras casi un siglo de trayectoria.

El acuerdo se concretó a través de Bagley Argentina S.A., la firma conjunta de Arcor y Danone, que adquirió el 51,32% de las acciones de Mastellone Hermanos. De esta manera, los nuevos socios se convierten en los principales accionistas y consolidan su presencia en el mercado lácteo argentino.

Especialistas señalan que la operación responde a una tendencia global de concentración en el sector. “La Serenísima era un ícono nacional, pero la presión financiera y la necesidad de competir en un mercado cada vez más exigente aceleraron la venta”, explicó el analista Gustavo Lazzari.

La Serenísima es líder en el mercado argentino: según datos de la Cámara de la Industria Láctea, la marca concentra más del 40% de la producción de leche fluida y tiene una fuerte presencia en derivados como yogures, quesos y manteca.

La venta también abre interrogantes sobre el futuro de la compañía. Mientras algunos especialistas destacan que la llegada de Arcor y Danone puede aportar innovación y expansión internacional, otros advierten sobre el riesgo de perder identidad local. “El desafío será mantener la confianza del consumidor argentino, que asocia La Serenísima con calidad y tradición”, señaló el consultor en consumo masivo Ariel Setton.

Con casi 97 años de historia, la salida de la familia Mastellone marca el fin de una etapa. La empresa, que nació como un pequeño tambo en General Rodríguez, se convirtió en sinónimo de lácteos en Argentina y en un símbolo de la industria nacional.

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