Algunas personas no solo sienten más, sino que lo hacen con mayor profundidad y detalle. Reconocer esta forma de percibir el entorno permite comprender mejor cómo se procesan las emociones, evitar diagnósticos erróneos y diseñar estrategias para convivir con la intensidad sin que se vuelva una carga.
En los últimos años, la psicología comenzó a reconocer un rasgo de personalidad que, aunque aún poco difundido, interpela a muchas personas que sienten que “todo les afecta más”. Se trata de las personas altamente sensibles, también conocidas como personas PAS, un perfil que se caracteriza por una percepción intensificada de los estímulos internos y externos. Según la psicóloga Noelia Centeno, este tipo de sensibilidad no es un estado emocional transitorio, sino una configuración neurocognitiva que define cómo se procesa la información sensorial desde el nacimiento.
A diferencia de los trastornos como la ansiedad o la depresión, ser PAS no implica una dificultad adaptativa, aunque puede generar malestar si no se gestiona adecuadamente. “No es una fobia ni una inestabilidad emocional. Es una forma de ser, una característica de personaliad”, aclara Centeno. Las personas altamente sensibles “Hay una mayor sensibilidad a todos los estímulos internos y externos”, no solo registran más estímulos, sino que los viven con mayor profundidad, de manera “más intensa”. “Vas caminando por la calle y sentís el olor de una torta, el ruido de un auto, una discusión, todo al mismo tiempo. Eso puede resultar apabullante”, explica la especialista.
Las emociones básicas —ira, tristeza, desagrado, alegría y miedo— son parte del equipaje biológico con el que nacemos. Centeno recuerda que estas respuestas fisiológicas tienen una función adaptativa desde tiempos prehistóricos: el miedo alertaba ante el peligro, el asco evitaba intoxicaciones, la ira movilizaba para la defensa. Sin embargo, en las personas PAS, estas emociones se amplifican y pueden derivar en sentimientos complejos como la melancolía o la angustia, especialmente cuando se sobrepiensan. “Con la edad no aumenta la sensibilidad, sino la mala gestión emocional y el registro de lo que sentimos”, advierte.
Este rasgo de personalidad puede confundirse con otros perfiles emocionales. Por ejemplo, alguien que reacciona con ira ante una situación laboral difícil no necesariamente es PAS, a menos que esa intensidad emocional haya sido una constante a lo largo de su vida. “La diferencia está en que las personas PAS viven todas las emociones con intensidad, no solo en momentos puntuales”, señala Centeno. Por eso, es clave distinguir entre estados emocionales transitorios y características de personalidad estables.
La gestión de esta hipersensibilidad comienza por el reconocimiento. Saber que se es PAS permite seleccionar a qué estímulos prestar atención y evitar la rumiación mental que genera sobrecarga. “La percepción es información para el cerebro. Si sabés que sos sensible a todo, podés soltar lo que no necesitás procesar”, explica la psicóloga. En ese sentido, estrategias como evitar ambientes sobreestimulantes, practicar técnicas de relajación o diseñar rutinas con espacios de calma pueden ser herramientas efectivas.
Algunos espacios públicos ya comenzaron a implementar medidas como las “horas de bajos estímulos” en centros comerciales, pensadas para personas con alta sensibilidad sensorial. Este tipo de iniciativas, junto con una mayor conciencia sobre el rasgo PAS, permiten avanzar hacia entornos más inclusivos. “Una persona PAS puede sobreexigirse tanto que termina anulando su acción. Saberlo ayuda a no agregarse más carga en momentos de estrés”, advierte Centeno.
Finalmente, la especialista subraya que la autoconciencia emocional es clave para manejar el entorno. “La empatía empieza por dentro. Si reconozco cómo siento lo que siento, puedo entender mejor al otro”, concluye.
Mirá aquí el informe completo con la psicologa Noelia Centeno