Emma Stone se luce en el estreno de la película, en la piel del malvado y célebre personaje de ficción. Sin embargo, la “malvada” de esta versión tiene una diferencia notable del que hiciera en su momento Glenn Close. Conocé los detalles en esta nota.
La nueva versión de los orígenes de Cruella de Vil (precuela de 101 Dálmatas) creada por Disney, y ya estrenada por dicha plataforma, busca exhibir una presencia arrolladora por parte de la actriz Emma Stone (como Cruella), y una ambientación muy atractiva en el Londres de la explosión punk.
Sin embargo, quienes forman parte del mundo del cine hablan, analizan, critican y evalúan la película preguntándose en estos últimos días, por qué el personaje principal ya no tiene en su mano derecha la típica boquilla de cigarrillo que tanto la caracterizaba, en la película infantil de “Los 101 dálmatas”.
La misma Emma explicó los motivos: “No se nos permite fumar en pantalla en una película de Disney. Era difícil no tener esa boquilla de cigarrillo con la columna de humo verde, como en el icónico dibujo animado, sin embargo no fue posible por obvias razones que respeto y comparto. No quiero promover el fumar, ni tampoco a los cachorros desollados como en antiguas versiones”.
Los tiempos cambian, y la conciencia personal y social respecto a los hábitos saludables toman más peso que nunca. Una responsabilidad que los medios audiovisuales saben que también detentan, proyectando e influyendo con sus mensajes (directa o indirectamente) a futuras generaciones.
La “Cruella” de Glen Closse
La película que en su momento protagonizara Glen Closse (1996), contextualizaba al personaje de la historia, tal y como fue pensado en sus orígenes: una excéntrica diseñadora de modas (Cruella) que siempre llevaba en la mano una elegante boquilla larga de color rojo, con un hilo de humo verde rodeándola.
Ese pequeño elemento era tan significativo para el personaje de Closse, que portaba el singular artículo hasta en los momentos más complicados. Claramente la fidelidad de la personificación se daba en una época en que películas, series y hasta dibujos incluían el uso del cigarillo de forma naturalizada, que el tiempo se encargó de deconstruir, como sinónimo de un mal hábito.
Por ello lejos de los amantes de la fidelidad a determinados personajes e historias, la sociedad entiende la deconstrucción desde lo micro a lo macro que implica sumar, o no, este tipo de imágenes y mensajes. Una apuesta al cambio, más allá de cualquier purismo del personaje original.