Un chofer de colectivos abandonó el volante de la unidad en marcha por la avenida Rivadavia, a la altura del barrio porteño de Flores, para agarrarse a las piñas con un pasajero que lo increpaba. Pese a que su infracción no causó accidentes ni heridos, la situación derivó en un despido con causa inmediato. Su relato en el programa de las mañanas de El 9 Televida.
El episodio ocurrió a fines de enero, pero se dio a conocer este jueves. Un chofer de la línea 113 de colectivos abandonó el volante de la unidad en marcha por la avenida Rivadavia, a la altura del barrio porteño de Flores, para agarrarse a las piñas con un pasajero que lo increpaba. Pese a que su infracción no causó accidentes ni heridos, la situación derivó en un despido con causa inmediata. Sin embargo, el conductor estuvo en A la Barbarossa, el programa de las mañanas de El 9 Televida y dio su versión de los hechos.
Nicolás, el chofer despedido, brindó su versión de los hechos esta mañana en A la Barbarossa para disculparse públicamente y justificar su infracción.
En el material audiovisual se observa que, antes de abandonar el puesto, el chofer ya venía cometiendo graves imprudencias. Las cámaras captaron al colectivo pasando al menos dos semáforos en rojo a gran velocidad, en medio de una acalorada discusión con un pasajero que, según testigos, se encontraba alcoholizado y lo hostigaba con un teléfono celular.
Según las palabras del chofer, intentó explicarle el problema técnico que atravesaba la unidad, y le ofreció descender para que pudiera tomarse otro colectivo de la misma línea. No obstante, el hombre rechazó la opción y el colectivero continuó el viaje. Entonces, el pasajero se adelantó y lo agredió verbal y físicamente.
La situación escaló hasta que Nicolás soltó el volante por completo, dejando la palanca en “directa” (marcha automática), lo que provocó que el vehículo siguiera avanzando sin control, subiéndose a carriles de contramano y obligando a un pasajero a saltar del transporte en movimiento por puro pánico.
El drama detrás del “minuto de furia”
Tras ser despedido con causa y perder sus 15 años de antigüedad, Nicolás rompió el silencio entre lágrimas. El exchofer, conocido como “el hijo de Chuki”, aseguró que no es un hombre violento y que reaccionó así por el hostigamiento constante del hombre de 1,90 metros que lo amenazaba con matarlo. Además, reveló una realidad desgarradora: tiene un hijo con discapacidad cuyos medicamentos cuestan 400 mil pesos mensuales y ahora se ha quedado sin sustento ni obra social.
El debate en los medios, especialmente en programas como A la Barbarossa, puso el foco en la responsabilidad compartida. Si bien el pasajero —que reconoció haber tomado alcohol— fue un factor detonante por su acoso constante, la negligencia de soltar un vehículo de gran porte en una zona tan transitada como Nazca y Rivadavia es considerada imperdonable por la empresa y la justicia.
Mientras Nicolás intenta conciliar una indemnización para no dejar desamparado a su hijo, el video del colectivo “fantasma” esquivando motos y taxis de milagro queda como un crudo recordatorio de la violencia y el estrés que se vive día a día en el transporte público argentino.