Codo de tenista: mucho más que una lesión deportiva

Codo de tenista: mucho más que una lesión deportiva

Programación

Conocida médicamente como epicondilitis lateral, el “codo de tenista” es una afección dolorosa que surge cuando los tendones del codo se sobrecargan, frecuentemente por movimientos repetitivos de la muñeca y el brazo.

A pesar de su nombre, menos del 5% de las personas que la padecen practican realmente tenis; es, de hecho, una patología común en pintores, carpinteros, carniceros y usuarios intensivos de computadoras. “Se trata de la famosa lesión de codo de tenista. Comprender que no se trata solo de una inflamación pasajera, sino de una alteración en la estructura del tendón, es el primer paso para buscar un tratamiento kinésico adecuado que evite la cronicidad y devuelva la funcionalidad a la extremidad”, precisó el kinesiólogo Pablo Valdivieso.

-¿Cómo se manifiesta?

“El codo de tenista se manifiesta como un dolor punzante en la cara externa del codo, que a menudo se irradia hacia el antebrazo y la muñeca. Esta molestia suele intensificarse al dar la mano a alguien, girar la perilla de una puerta o levantar una taza de café”.

-Pero, ¿qué sucede realmente dentro de la articulación?

“La causa principal es la sobrecarga de los músculos extensores de la muñeca, específicamente el tendón del músculo extensor radial corto del carpo. Este tendón se inserta en el epicóndilo lateral (la protuberancia ósea externa del codo).

Cuando realizamos movimientos repetitivos y forzados, se generan microrroturas en las fibras del tendón. Si el cuerpo no tiene tiempo suficiente para reparar estos daños, el tejido comienza a degenerarse”, detalló Valdivieso.

“Como factores de riesgo podemos nombrar el uso excesivo de herramientas manuales, mala técnica deportiva, posturas estáticas prolongadas frente al teclado y el tabaquismo, que reduce el flujo sanguíneo hacia los tendones”, detalló.

Tratamiento kinesiológico: El camino a la recuperación

La kinesiología es el pilar fundamental del tratamiento, ya que no solo busca calmar el dolor, sino rehabilitar la capacidad de carga del tendón. El enfoque moderno se aleja del reposo absoluto y apuesta por la carga progresiva.

-Fase analgésica: En los primeros días, se utilizan agentes físicos como el ultrasonido, la magnetoterapia o el láser para reducir la irritación. También se emplea la terapia manual para liberar la tensión en los músculos del antebrazo.

-Ejercicios excéntricos: Es el “estándar de oro” del tratamiento. Estos ejercicios consisten en alargar el músculo mientras está bajo tensión (bajar lentamente una pesa con la muñeca, por ejemplo). Esto ayuda a remodelar las fibras de colágeno del tendón y hacerlo más fuerte.

-Técnicas de masaje profundo: Técnicas como el masaje transverso profundo (Cyriax) ayudan a romper adherencias y estimular la cicatrización.

-Reeducación ergonómica: El kinesiólogo evalúa cómo el paciente usa su brazo en el trabajo o el deporte para corregir gestos técnicos y evitar que la lesión reaparezca.

La importancia de la consulta temprana

“Uno de los mayores errores frente al codo de tenista es la automedicación con antiinflamatorios y la espera de que el dolor ‘pase solo’. Dado que la epicondilitis es a menudo un proceso degenerativo (tendinosis) más que inflamatorio, el uso prolongado de fármacos solo enmascara el problema mientras el tendón sigue debilitándose.

La consulta médica y kinésica es crucial para:

  • Diferenciar diagnósticos: El dolor en el codo puede ser causado por una compresión nerviosa o un problema cervical.
  • Evitar la cronicidad: Una epicondilitis no tratada puede durar de 6 meses a 2 años, limitando severamente la calidad de vida y la capacidad laboral.
  • Evitar cirugías: La gran mayoría de los casos se resuelven satisfactoriamente con un plan de rehabilitación física bien ejecutado.

 Escuchar al cuerpo

“El codo de tenista es una señal de que hemos sobrepasado el límite de tolerancia de nuestros tejidos. Ignorar el dolor inicial es invitar a una lesión persistente. Con un tratamiento integral que combine tecnología, terapia manual y, sobre todo, un programa de ejercicios específicos, es posible recuperar la fuerza y volver a las actividades cotidianas sin dolor. El secreto del éxito no está en dejar de moverse, sino en aprender a moverse mejor bajo la guía de un profesional”, concluyó el profesional.

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