Con la llegada del otoño, es común experimentar una sensación de letargo, melancolía o falta de iniciativa que muchos atribuyen simplemente al fin de las vacaciones. Sin embargo, la ciencia confirma que este “desgano” es mucho más que una percepción subjetiva: es una respuesta física a la reducción de las horas de luz solar.
Cuando las hojas comienzan a caer y los días se vuelven más cortos, algo cambia en nuestra química interna. Lo que a menudo llamamos “tristeza otoñal” tiene un nombre clínico cuando se vuelve persistente: “Trastorno Afectivo Estacional (TAE). Pero incluso sin llegar a un diagnóstico médico, la mayoría de las personas siente un impacto real en su vitalidad”, destaca el psicólogo Marcelo Ceberio.
Con la llegada del otoño, es común experimentar una sensación de letargo, melancolía o falta de iniciativa que muchos atribuyen simplemente al fin de las vacaciones. Sin embargo, ” la ciencia confirma que este ‘desgano’ es mucho más que una percepción subjetiva: es una respuesta física a la reducción de las horas de luz solar. La baja en la intensidad del sol altera la producción de hormonas críticas como el cortisol y la melatonina, afectando directamente nuestro estado de ánimo y niveles de energía. Comprender que nuestro cuerpo está entrando en un ‘modo de ahorro’ natural es el primer paso para transitar esta estación con bienestar y sin culpas”, fundamenta Ceberio.
La incidencia del sol: el cortisol y la melatonina
“El principal motor de este desgano es la luz. Nuestro reloj biológico (el ritmo circadiano) se guía por la exposición solar para regular el ciclo de sueño y vigilia.
La caída del cortisol: El cortisol es conocido como la “hormona del estrés”, pero en niveles adecuados es lo que nos permite despertar con energía y estar alerta. El sol de la mañana estimula su producción. Al haber menos luz y más nubes, los niveles de cortisol matutino pueden ser más bajos, lo que explica por qué nos cuesta tanto salir de la cama en otoño.
-El exceso de melatonina: Con días más oscuros, el cuerpo comienza a producir melatonina (la hormona del sueño) mucho más temprano. Esto genera una sensación de somnolencia persistente durante la tarde, afectando la productividad y el ánimo.
-Serotonina en baja: La falta de sol también reduce los niveles de serotonina, el neurotransmisor encargado de la felicidad y el bienestar, lo que nos vuelve más irritables o propensos a la melancolía”.
Causas: ¿Es pura subjetividad?
“No es subjetividad, es adaptación. El otoño es, biológicamente, una preparación para el invierno. En la naturaleza, los animales hibernan o bajan su ritmo; el ser humano, aunque vive en una sociedad de productividad 24/7, sigue respondiendo a esos impulsos ancestrales. El desgano es la forma que tiene el cuerpo de pedirnos que bajemos las revoluciones y conservemos energía”, sustenta el psicólogo.
Consejos para combatir el desgano
Aunque el cambio biológico es real, podemos “hackear” nuestro sistema para no hundirnos en la apatía:
- Buscá la “luz de oro”: Exponerte al sol, aunque esté nublado, durante al menos 20 minutos por la mañana es fundamental. Esto ayuda a resetear el ritmo circadiano y elevar el cortisol necesario para el día.
- Actividad física: El ejercicio libera endorfinas que compensan la baja de serotonina. No hace falta un entrenamiento intenso; una caminata vigorosa entre las hojas secas es suficiente.
- Alimentación “confortable” pero nutritiva: El cuerpo pide carbohidratos para obtener energía rápida, pero es mejor optar por legumbres, frutos secos y alimentos ricos en Triptófano (como el chocolate amargo o el plátano) para ayudar a producir serotonina.
- Higiene del sueño: Aprovechá que oscurece antes para acostarte más temprano. Respetar la necesidad de descanso del cuerpo en esta época reduce la sensación de fatiga crónica.
Tratamientos y cuándo Consultar
Si el desgano se convierte en una incapacidad para cumplir con las tareas diarias, es importante buscar ayuda profesional.
- Fototerapia: En casos severos, se utilizan lámparas que imitan la luz solar para regular las hormonas.
- Suplementación de Vitamina D: Dado que el sol es la principal fuente de esta vitamina, es muy común que los niveles bajen en otoño, afectando el ánimo y el sistema inmune. Un análisis de sangre y la indicación médica de un suplemento pueden cambiar drásticamente el panorama.
- Terapia de conversación: Hablar sobre este cambio estacional ayuda a desmitificar la sensación de “culpa” por no estar tan activo como en verano.
Abrazar el ritmo de la naturaleza
El otoño nos invita a la introspección. En lugar de luchar contra el desgano como si fuera una falla de carácter, podemos entenderlo como un proceso fisiológico lógico. “Ajustar nuestras expectativas, buscar la luz y permitirnos un ritmo un poco más lento nos permitirá disfrutar de la belleza de esta estación sin que nuestra salud mental se vea afectada por la sombra de los días cortos. Al final, después de cada otoño, siempre vuelve a salir el sol”, concluyó el especialista.
Ceberio estuvo en Cada Día, mirá la nota