Con la llegada de las olas de calor, muchas personas experimentan un aumento significativo en la frecuencia e intensidad de sus dolores de cabeza. Sin embargo, para quienes padecen migraña, el sol y las altas temperaturas no son solo una molestia, sino potentes disparadores de crisis incapacitantes
Comprender por qué el calor altera nuestro sistema neurológico y aprender a diferenciar una migraña de un dolor de cabeza convencional es fundamental para transitar los meses de verano con una mejor calidad de vida.
El verano invita al disfrute al aire libre, pero para el 15% de la población mundial que sufre de migrañas, esta estación representa un desafío constante. La relación entre el clima y la salud neurológica es estrecha: los cambios de presión atmosférica, la luz solar intensa y, sobre todo, el calor extremo, actúan como catalizadores de procesos inflamatorios en el cerebro.
-¿Qué es exactamente una migraña?
Según el neurocirujano Juan Pablo Martínez, “Muchas veces utilizamos el término ‘migraña’ para referirnos a cualquier dolor fuerte, pero técnicamente es mucho más que eso. La migraña es un trastorno neurológico complejo que se caracteriza por episodios de dolor pulsátil, generalmente en un solo lado de la cabeza”.
-¿Qué la diferencia de un dolor de cabeza normal?
“A diferencia de una cefalea tensional (el dolor de cabeza común), la migraña suele venir acompañada de otros síntomas “satélites”:
- Hipersensibilidad: La luz (fotofobia), los sonidos (fonofobia) y hasta los olores pueden resultar insoportables.
- Náuseas y vómitos: Es común que el sistema digestivo se vea afectado durante la crisis.
- Aura: Algunas personas experimentan destellos visuales o entumecimiento antes de que comience el dolor.
- Incapacidad: Mientras que un dolor de cabeza común permite seguir con las tareas (aunque con molestia), la migraña suele obligar a la persona a buscar oscuridad y silencio absoluto”.
El factor calor: ¿Por qué el sol nos golpea?
La ciencia ha identificado varias razones por las cuales el termómetro elevado dispara las migrañas:
-Vasodilatación: El calor provoca que los vasos sanguíneos se dilaten para intentar enfriar el cuerpo. En el cerebro, esta dilatación puede presionar terminaciones nerviosas y desencadenar el proceso inflamatorio del dolor.
-Deshidratación: Es la causa número uno. Cuando el cuerpo pierde agua y electrolitos, el cerebro puede “encogerse” ligeramente y separarse del cráneo, generando dolor. Incluso una deshidratación leve es suficiente para activar una crisis migrañosa.
-Luz Actínica: El brillo intenso del sol en verano sobreestimula el nervio óptico. Para un cerebro migrañoso, que ya es hipersensible de por sí, este exceso de luz es interpretado como una agresión.
-Alteración del sueño: Las noches calurosas dificultan el descanso reparador. La falta de sueño es uno de los disparadores más conocidos de la migraña.
Consejos para blindar la cabeza este verano
No se trata de encerrarse hasta el otoño, sino de adoptar medidas de prevención inteligentes:
- Hidratación “reloj”: No espere a tener sed. Beber agua de manera constante y considere bebidas con electrolitos si pasa mucho tiempo al aire libre.
- Protección visual: Invertir en gafas de sol de alta calidad con filtro UV y polarizadas para reducir el destello. El uso de sombreros de ala ancha también reduce la carga lumínica sobre el rostro.
- Evitar las horas pico: Entre las 11:00 y las 16:00, la radiación y el calor son máximos. Intentar realizar actividades físicas temprano en la mañana o al atardecer.
- Dieta fresca: Evitar comidas pesadas o muy saladas, así como el alcohol (especialmente el vino tinto) y la cafeína en exceso, ya que todos ellos contribuyen a la deshidratación y la vasodilatación.
- Enfriamiento local: Si siente que el calor está empezando a afectarlo, coloque compresas frías en la nuca o las muñecas para ayudar al cuerpo a termoregularse rápidamente.
Escuchar al cuerpo
“La migraña es una señal de que el cerebro está sobre estimulado. En verano, el entorno nos bombardea con estímulos térmicos y visuales agresivos. Si las crisis aumentan en frecuencia, es vital consultar con un neurólogo para ajustar el tratamiento preventivo. Entender que el calor es un factor de riesgo nos permite anticiparnos y disfrutar del verano sin que el dolor se convierta en el protagonista de nuestras vacaciones”, concluyó el profesional.
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