La joven de 25 años falleció tras recibir la muerte asistida en una residencia de Sant Pere de Ribes, convirtiéndose en una de las pacientes más jóvenes en acceder a la eutanasia.
El caso de Noelia Castillo ha llegado a su fin este jueves en España, tras meses de una intensa batalla judicial y familiar que mantuvo en vilo al país. La joven de 25 años falleció tras recibir la muerte asistida en una residencia de Sant Pere de Ribes, convirtiéndose en una de las pacientes más jóvenes en acceder a este procedimiento bajo la legislación vigente desde 2021.
La historia de Noelia estuvo marcada por el dolor y la tragedia. En 2022, tras haber sido víctima de una agresión sexual múltiple, un intento de suicidio la dejó parapléjica. Desde entonces, convivía con secuelas irreversibles: dolor crónico, pérdida de sensibilidad y una dependencia funcional absoluta. En abril de 2024, la joven formalizó su pedido de eutanasia, alegando un “sufrimiento intolerable” que la comisión evaluadora terminó ratificando.
Sin embargo, el proceso no fue sencillo. Su padre inició una ofensiva legal que logró paralizar el procedimiento en agosto de 2024, llevando el reclamo incluso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Tras dos años de intentos fallidos por frenar la voluntad de la joven, la Justicia finalmente autorizó la práctica para este 26 de marzo.
En una entrevista, relató que convivía con dolores constantes y con un malestar emocional persistente que, según expresó, no logró revertir pese a los tratamientos médicos. “No puedo más con los dolores, con todo lo que me atormenta en la cabeza de lo que he vivido”, afirmaba. Su testimonio, difundido en distintos medios, reavivó la discusión en torno al derecho a decidir sobre el propio final de vida.
Noelia Castillos Ramos sobre la eutanasia: “Quiero irme y dejar de sufrir”
Castillo explicó en la última entrevista que dio a la Televisión Española que se encontraba bajo tratamiento psiquiátrico desde los 13 años y que, con el paso del tiempo, no lograba recuperar el deseo de proyectar su futuro. “No tengo metas ni proyectos, siempre he visto mi mundo muy oscuro”, sostenía. Según su relato, esta percepción se traducía en una falta total de motivación en su vida cotidiana.
Finalmente, este jueves Noelia Castillo pudo despedirse de su madre en la residencia donde se encontraba internada, un lugar que ella misma definía como su espacio de contención. El caso deja abierto un profundo debate sobre los límites de la autonomía personal y los antecedentes psiquiátricos en los protocolos de muerte asistida en el mundo entero.