La llegada de los primeros fríos y la caída de las hojas suelen confundir a nuestro sistema inmunitario. Aprender a distinguir entre una reacción alérgica y una infección viral es clave para un tratamiento efectivo y evitar complicaciones.
Con el inicio del otoño, el paisaje cambia, pero también lo hace el aire que respiramos. Mientras que las temperaturas descienden y pasamos más tiempo en espacios cerrados, los estornudos y la congestión nasal se vuelven protagonistas de la temporada. Sin embargo, “no todo ‘chorreo’ nasal es igual. La confusión entre la rinitis alérgica estacional y el resfrío común es uno de los motivos más frecuentes de consulta médica en esta época”, detalló el médico alergista Miguel Lisanti.
Las causas: ¿Polen o virus?
“La raíz del problema es totalmente distinta en ambos casos. El resfrío es una infección aguda del tracto respiratorio superior causada por virus, principalmente el rinovirus. Se contagia por el contacto con gotas de saliva de personas infectadas o superficies contaminadas.
Por otro lado, la alergia otoñal es una respuesta exagerada del sistema inmunológico ante sustancias que considera una amenaza, llamadas alérgenos. En otoño, los principales culpables son las esporas de moho (que proliferan con la humedad y las hojas secas) y los ácaros del polvo, que se activan cuando encendemos las calefacciones tras meses de desuso”, detalló Lisanti.
¿Cómo diferenciarlos? El mapa de síntomas
Aunque comparten la congestión, existen señales específicas que ayudan a identificar qué está ocurriendo en nuestro cuerpo: “En el resfrío común la duración es de 3 a 10 días. Con las alergias, pueden ser semanas o meses (mientras esté el alérgeno). Otra diferencia es la presencia de fiebre frecuente leve en el resfrío o gripe, en cambio en los estados alérgicos”, detalló el profesional.
Tratamientos: diferentes caminos
Dado que el origen es distinto, el abordaje médico también debe serlo. Intentar curar una alergia con antigripales comunes suele ser ineficaz y viceversa.
Para el resfrío
“Al ser viral, los antibióticos no sirven. El tratamiento se enfoca en aliviar los síntomas mientras el cuerpo combate la infección:
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Hidratación: Beber mucha agua ayuda a fluidificar el moco.
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Reposo: Fundamental para que el sistema inmune trabaje.
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Analgésicos: Paracetamol o ibuprofeno para bajar la fiebre y el malestar corporal”.
Para la Alergia
“Aquí el objetivo es frenar la respuesta histamínica y evitar el contacto con el alérgeno:
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Antihistamínicos: Bloquean la acción de la histamina, reduciendo el picor y los estornudos.
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Corticoides nasales: Muy efectivos para desinflamar las vías respiratorias (siempre bajo receta).
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Control ambiental: Ventilar la casa, evitar alfombras y limpiar filtros de aire acondicionado”.
La importancia de la prevención
En ambos casos, la prevención es nuestra mejor herramienta. Para los virus, el lavado frecuente de manos y la vacunación antigripal (especialmente en grupos de riesgo) son pilares fundamentales. Para la alergia, conocer a qué somos sensibles mediante un test diagnóstico permite anticiparnos a la temporada.
Si los síntomas persisten más de dos semanas, si aparece dificultad para respirar o si la fiebre es muy alta, es imperativo consultar a un profesional. No te automediques: lo que parece un simple resfrío mal curado podría ser una alergia no tratada que derive en sinusitis o asma bronquial. Disfrutar del otoño es posible, siempre que sepamos escuchar lo que nuestro cuerpo intenta decirnos a través de cada estornudo.