Pieles estresadas: ¿Qué nos dicen?

Pieles estresadas: ¿Qué nos dicen?

Aunque no solemos prestarle atención, la piel habla, se expresa y grita a través de múltiples afecciones, enfermedades y signos de envejecimiento prematuro. Lo que tenés que saber para aliviarla.

No se trata sólo de la superficie “beauty” que puede molestarnos. El estrés en nuestra piel se expresa de manera directa en diversas afecciones que se ligan incluso a lo emocional.

 ¿Qué implica que la piel esté estresada? Que “no puede hacer frente a distintos daños, porque sus mecanismos de defensa están deteriorados y muestra signos de envejecimiento prematuro”, entre otras afecciones explican técnicos en dermocosmiatría.

Como explica la médica dermatóloga Silvia Moreno “el tema de mente-piel es muy amplio e implica muchos aspectos a tomar en cuenta. Esto porque hay muchas enfermedades vinculadas al estrés, la autoinmunidad y la inflamación.: hablamos de la psoriasis, el eccema tópico, la alopecia y el acné. Es común escuchar a los adolescentes decir “voy a rendir y me broto todo”. Esto es así porque está vinculada con el estrés. Sin embargo, a veces puede darse al revés…”

– ¿En qué sentido?

La enfermedad produce un síntoma que es tan severo que el paciente se estresa, por ejemplo, un niño con dermatitis atópica le pica tanto que duerme mal, no rinde en la escuela o se porta mal. Todo un cuadro que tiene que ver con la enfermedad ya que la piel le pica. Por eso podemos decir que el estrés está vinculado con que se desencadena una enfermedad de la piel, o a veces, la enfermedad de la piel nos condiciona a una situación de estrés.

 En el otro polo están las psicodermatosis. Vale decir, enfermedades en donde el paciente tiene un trastorno psiquiátrico severo que hace que dilate su autocuidado o higiene, deteriorando su piel porque no la cuida. También puede darse que en el paciente se produzcan lesiones en su piel por su propio trastorno psiquiátrico.

Son polos en los que mente y piel tienen que ver. Lo importante es consultar al profesional, y de allí ver si sólo es algo dermatológico, o también psicológico para poder tratar todo de manera interdisciplinaria.

 

Ansiedad en la piel: ¿Cómo se da?

El estrés es capaz de producir o agravar problemas latentes o que ya se encuentran presentes en nuestra piel, pero ¿qué es lo que sucede para que esto ocurra? ¿Existe alguna razón concreta? “La piel expresa de forma visible todos nuestros sentimientos o estados de ánimo. Cuando tenemos ansiedad de un modo continuado se genera una mayor producción de cortisol y adrenalina que, a su vez, van a afectar notablemente a la producción de estrógenos y testosterona, lo que va a originar alteraciones de distintos tipos en nuestra piel”, explica la doctora Lidia Díaz Méndez, directora de la Unidad de Medicina Estética del Instituto Europeo de Estética Avanzada (IEEA).

¿Cómo afecta la ansiedad a la piel?

Sin ir más lejos, el cortisol debilita el sistema inmune, algo que tiene una consecuencia muy directa sobre sobre nuestra piel: el aumento de la respuesta inflamatoria. “Entre los síntomas que puede provocar una situación sostenida de ansiedad en nuestra piel podemos destacar la aparición de granos aislados o en forma de acné, urticaria de tipo psicogénico que provoca la necesidad de rascado, caída del pelo, caspa/aumento de grasa/picores en el cuero cabelludo, sudoración excesiva, rubor o enrojecimiento de la piel y puede provocar también el empeoramiento de otras enfermedades ya existentes (herpes labial, psoriasis, eccemas, dermatitis). Todos estos problemas en la piel son debidos a las distintas alteraciones hormonales que provoca en nuestro organismo la ansiedad”, contó la profesional.

 

La parte estética  y sus signos

En las pieles jóvenes 

-Deshidratación o resequedad. Por pérdida de agua transepidérmica y hasta por largas horas de exposición a pantallas.

-Coloración por mayor vasodilatación.

-Ojeras. Si bien tienen un factor genético muy importante, la mala alimentación, la falta de sueño y la exposición a pantallas pueden empeorarlas.

-Inflamación por exposición a radiaciones, una mala alimentación, o pérdida de agua.

-Falta de luminosidad, provocada por el desbalance en la barrera epicutánea.

-Brotes sin pus, causados por la misma situación de estrés, el ambiente, o los nervios

-Arruguitas finas que empiezan a marcarse.

 

En las pieles maduras:

-Falta de brillo. Estos casos suelen presentar un tono amarillento.

-Aumento de la flacidez cutánea, la densidad de la piel disminuye por la pérdida de hidratación natural.

-Tono ligeramente grisáceo.

-Sequedad y pérdida de suavidad, por la disminución de sustancias hidratantes.

-Ojeras y contorno de ojos. Cuando la microcirculación se ve afectada, la primera zona en resentirse es justamente el contorno de los ojos, y se acentúan las ojeras y bolsas.

-Enrojecimiento.

“Lo fundamental siempre es consultar para trabajar de manera conjunta”, concluyó Moreno

La dermatóloga estuvo en Cada Día, mirá la nota

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