Primavera: ¿Renacer del alma?

Primavera: ¿Renacer del alma?

Con la llegada de la primavera, el mundo se tiñe de verde y flores. Pero, ¿qué ocurre en nuestro interior? Más allá del paisaje, esta estación ejerce un profundo impacto en nuestro estado de ánimo, afectando nuestras emociones y comportamientos.

La primavera es una estación de contrastes y promesas. Con el adiós al frío y los días grises del invierno, la naturaleza despierta de su letargo, y con ella, nuestro cuerpo y nuestra mente inician un proceso similar. Es una sensación casi mágica, un cambio que va más allá de lo visible. Los días se alargan, el sol se siente más cálido en la piel y los colores explotan en cada rincón. Esta transformación externa, sin embargo, es solo el reflejo de una serie de cambios biológicos y psicológicos que influyen directamente en nuestro estado de ánimo.

 

La primavera, la sangre altera…

El fenómeno se explica, en gran parte, por la ciencia. La mayor exposición a la luz solar es un factor clave. La luz del sol es un poderoso regulador de nuestro reloj biológico. Cuando nuestros ojos la captan, envían señales al cerebro que ayudan a regular la producción de hormonas. En particular, la luz solar suprime la melatonina, la hormona que nos hace sentir cansados, y estimula la producción de serotonina, el neurotransmisor conocido como la “hormona de la felicidad”. Unos niveles más altos de serotonina están directamente relacionados con sentimientos de bienestar, alegría y vitalidad.

Además de la serotonina, la primavera también nos impulsa a la acción. Los días más largos nos dan más horas de luz para realizar actividades al aire libre, lo que fomenta el ejercicio físico. La actividad física, a su vez, libera endorfinas, que son analgésicos naturales y generadores de placer. Este círculo virtuoso de luz, movimiento y bienestar es lo que muchos de nosotros experimentamos como el “subidón de la primavera”, una energía renovada que nos invita a socializar, a iniciar nuevos proyectos y a sentirnos más optimistas.

“Sin embargo, no todo es color de rosa. Para algunas personas, la llegada de la primavera puede generar una sensación de ansiedad o fatiga. A esto se le conoce como la ‘astenia primaveral’, un síndrome que se manifiesta con cansancio, irritabilidad y falta de concentración. Se cree que este estado se debe al esfuerzo del cuerpo por adaptarse a los nuevos ritmos de luz y temperatura. El cerebro debe ajustar sus patrones de sueño y vigilia, y estos cambios pueden tomar algunos días o semanas, generando un desequilibrio temporal”, argumentó el psicólogo Jorge Domínguez.

La explosión de la naturaleza también tiene su lado B: las alergias. Para quienes sufren de rinitis o asma estacional, la primavera puede ser un período de incomodidad física, lo que inevitablemente afecta el estado de ánimo. La irritación, los estornudos y la dificultad para respirar pueden hacer que una persona se sienta decaída y sin energía.

A pesar de estos desafíos, la mayoría de la gente asocia la primavera con la esperanza y el renacimiento. El simple acto de ver las flores brotar o los árboles recuperando sus hojas nos ofrece una poderosa metáfora de renovación. Psicológicamente, esta estación nos invita a dejar atrás las tristezas del invierno y a mirar hacia adelante con una perspectiva más positiva. Es un momento ideal para reordenar nuestras prioridades, limpiar nuestro hogar (la famosa “limpieza de primavera”) e incluso nuestra mente, desechando lo que ya no sirve y abriéndonos a nuevas experiencias.

“Sin embargo, los sentimientos por contraste de aquellos que no sienten esa alegría, ya sea por depresión u otro tipo de obstáculo, hace que muchos no la vivan color de rosa. Lo importante es poder siempre pedir ayuda, escucharse, dejar de lado la demanda externa y ver qué y por qué nos pasa”, aconsejó el profesional.

La primavera no solo cambia el paisaje, sino que nos transforma desde adentro hacia afuera. 

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