Entre promesas de atletas de élite y publicidades pagas, la terapia de luz roja gana terreno en el mundo del bienestar. Analizamos qué hay de cierto tras el brillo carmesí y por qué tu rutina diaria podría no necesitarla tanto, como el marketing te quiere hacer creer.
En la era del “biohacking” y la optimización humana, cada semana aparece un nuevo dispositivo que promete ser la pieza faltante en nuestro rompecabezas de salud. Hoy, el protagonista es el resplandor carmesí. Seguramente lo has visto: un deportista de alto rendimiento o una celebridad de Hollywood posando frente a un panel de luces LED rojas, asegurando que su recuperación muscular y su energía vital han alcanzado niveles estratosféricos. Pero, antes de que corras a vaciar tu billetera, es fundamental encender la luz de la razón. “No todo lo que brilla es oro, y a veces, es solo un LED bien publicitado”, apunta el médico deportólogo Pablo Gastaldi. “Hay que comprender el sesgo del que pueden ser parte los famosos, y discernir”.
El espejismo de la recomendación masiva
“Vivimos en un mercado de atención donde a los famosos se les paga cifras astronómicas por publicitar herramientas de bienestar. El problema radica en que la recomendación masiva desdibuja la línea entre la evidencia científica y el interés comercial.
Cuando vemos a un futbolista de élite usando terapia de luz roja (o fotobiomodulación), olvidamos un detalle crucial: esa persona vive para su cuerpo. Para un atleta profesional, una mejora del 1% en la recuperación puede ser la diferencia entre una medalla de oro y el anonimato. Sin embargo, para la “persona de a pie”, que entrena tres veces por semana y lidia con el estrés laboral, ese porcentaje es irrelevante si no tiene cubiertos los pilares básicos: sueño, nutrición e hidratación”, apunta Gastaldi.
-¿Qué es realmente la luz roja y por qué funciona?
Según el deportólogo “desde la perspectiva profesional, la terapia de luz roja no es magia; es física. Se basa en la aplicación de longitudes de onda específicas que penetran en los tejidos. A nivel celular, estas ondas interactúan con las mitocondrias —las centrales energéticas de nuestras células— para estimular la producción de ATP (adenosín trifosfato). En teoría, más energía celular equivale a una reparación de tejidos más rápida y una reducción de la inflamación.
Sin embargo, aquí es donde entra el análisis crítico. La efectividad depende de la dosis, la intensidad y la calidad del dispositivo. Muchos de los paneles económicos que se venden al público general no tienen la potencia suficiente para penetrar el tejido muscular profundo, quedándose apenas en una estimulación superficial de la piel”.
El atleta vs. el usuario promedio
Es vital distinguir contextos. Un deportista de alto rendimiento somete a sus músculos a un daño estructural masivo a diario. En ese escenario, cualquier herramienta que acelere la remoción de lactato o reduzca el daño oxidativo es bienvenida.
Para el ciudadano común, la luz roja puede ser beneficiosa, pero quizás no por las razones que cree. Más que una “curación milagrosa” de sus cuádriceps tras una clase de spinning, el mayor beneficio profesional de la luz roja se vincula con la higiene circadiana. Al cambiar la luz azul de las pantallas por longitudes de onda rojas al final del día, se favorece la producción de melatonina, logrando un descanso mucho más reparador. Y como bien sabemos, el mejor recuperador muscular que existe no viene en un panel LED, sino en ocho horas de sueño profundo.
No todo lo que ves es lo que parece
Antes de adoptar la última tendencia, debemos preguntarnos: ¿estoy buscando un atajo para no hacer el trabajo duro? La industria del bienestar vende la idea de que podemos comprar nuestra salud mediante dispositivos.
“La luz roja es, sin duda, una herramienta con respaldo científico interesante para la salud dérmica, la inflamación y la regulación del descanso. Pero no debe ser vista como una necesidad básica. Si decidís probarla, hacelo por las razones correctas y con equipos que realmente cumplan con las especificaciones técnicas necesarias, no porque un influencer con un contrato de seis cifras te lo diga desde su mansión. La salud se construye con hábitos, la tecnología es solo el acompañante”, concluyó el profesional.
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