Salud articular en invierno: ¿Por qué el frío nos produce dolor?

Salud articular en invierno: ¿Por qué el frío nos produce dolor?

Con la llegada de las bajas temperaturas, muchas personas experimentan un aumento en la rigidez y el dolor de sus articulaciones. Lejos de ser un mito popular, la ciencia explica cómo los cambios de presión y temperatura afectan nuestro sistema musculoesquelético.

Para quienes conviven con patologías crónicas o lesiones antiguas, el termómetro suele funcionar como un predictor de bienestar. El “dolor de huesos” ante la llegada de un frente frío tiene explicaciones fisiológicas claras que van más allá de la sensación térmica. “No es que el frío ‘rompa’ la articulación, sino que altera el entorno en el que esta se mueve”, contó el kinesiólogo Pablo Valdivieso.

Entender las causas es el primer paso para recuperar el movimiento y mejorar la calidad de vida durante los meses más fríos.

Las causas: presión atmosférica y viscosidad

“Existen tres factores principales que explican este fenómeno:

-Variaciones en la presión barométrica: Antes de una tormenta o un descenso de temperatura, la presión del aire suele bajar. Esto permite que los tejidos corporales (músculos, tendones y cápsulas articulares) se expandan ligeramente. En una articulación sana, esto es imperceptible, pero en una zona inflamada o con artrosis, esa mínima expansión genera una presión interna que el sistema nervioso traduce como dolor.

-Líquido sinovial más espeso: El líquido sinovial actúa como el aceite lubricante dentro de nuestras articulaciones. Con el frío, su viscosidad aumenta, volviéndose más espeso. Esto dificulta el deslizamiento de las superficies articulares, provocando esa característica sensación de rigidez matutina.

-Vasoconstricción e isquemia relativa: El cuerpo, para conservar el calor en los órganos vitales, reduce el flujo sanguíneo hacia las extremidades. Al llegar menos sangre a los músculos y articulaciones, estos se vuelven más rígidos y sensibles a los estímulos dolorosos”.

Tipos de dolores y patologías sensibles

El frío no afecta a todos por igual. Generalmente, el impacto se divide en dos grandes grupos:

  • Dolores mecánicos (Artrosis): Es el desgaste del cartílago. Aquí el frío acentúa la rigidez inicial. El paciente siente que le cuesta “arrancar” el movimiento por la mañana.
  • Dolores inflamatorios (Artritis): En enfermedades autoinmunes, los cambios de presión pueden exacerbar los brotes de inflamación, aumentando la hinchazón y el calor local, a pesar de la baja temperatura exterior.
  • Secuelas de lesiones: Antiguas fracturas o cirugías suelen tener tejidos con mayor densidad (cicatrices, fibrosis) que no se adaptan tan rápido a los cambios de temperatura como el tejido sano, generando tirones o molestias sordas.

La importancia de la consulta profesional

“Es fundamental no normalizar el dolor estacional. Acudir a un médico o kinesiólogo es crucial por una razón principal: el dolor crónico genera inhibición muscular. Cuando algo nos duele, dejamos de moverlo. Esa falta de movimiento debilita los músculos que sostienen la articulación, creando un círculo vicioso donde la articulación sufre más porque el músculo ya no la protege. Hay que mover los músculos ya sea caminando, en una bici fija, o con movimientos diversos que lo mantengan dinámico”, detalló Valdivieso.

Un profesional podrá diferenciar si el dolor es un proceso natural de adaptación al clima o si existe una inflamación subyacente que requiere tratamiento específico, evitando la automedicación con analgésicos que solo tapan el síntoma.

Consejos kinesiológicos para el invierno

Para mitigar los efectos del frío, la kinesiología moderna propone estrategias de movimiento y termoterapia:

-Mantener la “temperatura de trabajo”: Usar capas de ropa térmica en las zonas críticas (rodillas, manos, cuello). El calor externo ayuda a mantener la fluidez del líquido sinovial.

-Entrada en calor progresiva: No realices movimientos bruscos apenas te levantes. Realiza rotaciones suaves y sin carga de todas las articulaciones antes de salir de la cama.

-Ejercicio de bajo impacto: Actividades como la natación en agua climatizada, el yoga o la caminata controlada mantienen la lubricación articular sin sobrecargar el cartílago. El movimiento es el mejor antiinflamatorio natural.

-Calor Local: Si no hay una inflamación aguda (hinchazón y enrojecimiento), el uso de almohadillas térmicas por 15 minutos puede relajar la musculatura periorbitaria y aliviar la tensión.

Movimiento es salud

“El invierno no debe ser sinónimo de inactividad. Aunque el frío presente desafíos biológicos para nuestras articulaciones, una estrategia basada en el calor preventivo y el ejercicio adaptado puede marcar la diferencia. Escuchar al cuerpo y buscar la guía de un kinesiólogo permitirá atravesar la temporada invernal con un cuerpo ágil y funcional”, concluyó Valdivieso.

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