Descripto por un médico japonés en 1990, el síndrome de corazón roto simula un infarto agudo pero no presenta arterias obstruidas. Las claves para entender cómo el estrés extremo, afecta la función cardíaca.
El dolor en el pecho se presenta de forma repentina. Falta el aire, los niveles de enzimas en sangre se elevan y el electrocardiograma muestra alteraciones graves. La primera sospecha clínica en cualquier guardia médica es un infarto agudo de miocardio. Sin embargo, al ingresar al quirófano para un cateterismo, los cardiólogos descubren que las arterias coronarias están completamente limpias, sin coágulos ni obstrucciones. En su lugar, el ventrículo izquierdo se encuentra paralizado y abombado, adoptando una forma inusual.
Según explicó el médico cardiólogo Andres Donadi “esta patología se conoce médicamente como miocardiopatía de Takotsubo o síndrome del corazón roto. Fue descrita por primera vez en Japón en 1990 por el Dr. Hikaru Sato y su equipo. El término Takotsubo hace referencia a una vasija abombada de cuello estrecho utilizada tradicionalmente por los pescadores nipones para atrapar pulpos. Durante la sístole, la base del corazón se contrae fuertemente mientras la punta permanece inmóvil y dilatada, imitando la silueta exacta de esa trampa”.
-¿Qué lo puede causar?
“A diferencia de las enfermedades coronarias tradicionales motivadas por la acumulación de placa de ateroma, el Takotsubo es desencadenado por una respuesta neuroendocrina desproporcionada ante un evento estresante. Entre el 80% y el 90% de los casos confirmados ocurren en mujeres posmenopáusicas. Se presume que la disminución de los niveles de estrógenos reduce la protección vascular, haciendo que el miocardio sea más vulnerable al impacto metabólico de las hormonas.

Los detonantes se dividen en dos categorías principales:
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Desencadenantes emocionales: La pérdida repentina de un ser querido (cuadro conocido como “duelo agudo”), un divorcio traumático, desastres naturales, discusiones intensas o incluso noticias sorpresivas de alto impacto positivo.
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Desencadenantes físicos: Cuadros médicos severos como ataques de asma, cirugías mayores, accidentes graves o dolor insoportable”.
-¿Qué sucede en el cuerpo?
En ambos escenarios, el cuerpo libera un torrente masivo de catecolaminas (principalmente adrenalina y noradrenalina). Esta saturación de hormonas del estrés genera un efecto de “aturdimiento” temporal sobre las células miocárdicas y causa un espasmo en los microvasos sanguíneos, deteniendo la capacidad contráctil del corazón.
Síntomas y diagnóstico diferencial
Los síntomas del síndrome del corazón roto son indistinguibles de los de un ataque cardíaco convencional:
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Opresión o dolor torácico intenso y repentino.
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Disnea (dificultad respiratoria o falta de aire).
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Sudoración profusa, mareos o hipotensión.
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Arritmias cardíacas.
Dado que el cuadro imita a un síndrome coronario agudo, el protocolo inicial requiere descartar la obstrucción arterial mediante una angiografía coronaria (cateterismo). Confirmada la ausencia de trombos, la ecocardiografía o la ventriculografía muestran la clásica deformación del ventrículo.
Tratamiento y pronóstico
A pesar del dramatismo con el que se presenta en la fase aguda, la miocardiopatía de Takotsubo tiene un pronóstico favorable en la inmensa mayoría de los pacientes. El tratamiento se enfoca en el soporte hemodinámico y en reducir la carga de trabajo sobre el corazón mientras el tejido se recupera.
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Fase aguda: Manejo hospitalario mediante betabloqueantes (para neutralizar el efecto de la adrenalina) e inhibidores de la ECA o ARA-II (para controlar la presión arterial y reducir el remodelado cardíaco). En presencia de retención de líquidos, se administran diuréticos.
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Recuperación: La función contráctil del miocardio suele restablecerse por completo en un período de entre dos y ocho semanas, sin dejar cicatrices ni secuelas permanentes.
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Manejo integral: Una vez dada el alta, suele retirarse la medicación cardíaca progresivamente. Se recomienda acompañar el proceso con abordaje psicológico o técnicas de gestión del estrés para prevenir posibles recidivas.
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