A diario, nos bombardean con anuncios de productos que prometen una salud de hierro y una vitalidad sin límites. En este mercado, los suplementos vitamínicos han ganado un lugar privilegiado… Pero, ¿son realmente necesarios? La palabra profesional.
Poder discernir entre la promesa de marketing y la evidencia científica, resulta cada vez más complejo cuando de suplementos se trata. La diversidad es enorme, pero no así los que verdaderamente marcan la diferencia. De allí la pregunta, ¿cuándo son realmente necesarios?
Según precisó el médico deportólogo Pablo Gastaldi, “la mayoría de las personas sanas, con una dieta balanceada y variada, obtienen todas las vitaminas y minerales que necesitan de los alimentos que consumen. Frutas, verduras, cereales integrales, lácteos, carnes magras y legumbres son fuentes ricas en nutrientes esenciales. En estos casos, el uso de suplementos no solo es innecesario, sino que incluso puede ser contraproducente. Una ingesta excesiva de ciertas vitaminas, puede acumularse en el cuerpo y causar toxicidad. Como en todo, lo importante es ir al médico y poder consultar”.
Sin embargo, existen situaciones específicas donde los suplementos pueden ser de gran ayuda e incluso esenciales. Los veganos y vegetarianos a menudo necesitan complementar su dieta con vitamina B12, ya que esta se encuentra casi exclusivamente en productos de origen animal. Las mujeres embarazadas requieren un aumento en la ingesta de ácido fólico para prevenir defectos del tubo neural en el feto. Los adultos mayores pueden tener dificultades para absorber la vitamina B12 y D, y pueden beneficiarse de la suplementación. Y, por supuesto, las personas con deficiencias diagnosticadas por un médico, como la anemia por falta de hierro, son candidatas ideales para un régimen de suplementos controlado. “En estos casos, la suplementación no es una moda, sino una necesidad clínica”, opinó Gastaldi .
La delgada línea entre el beneficio y el riesgo
El problema principal con el consumo masivo de suplementos es la falta de supervisión médica. Muchas personas deciden por su cuenta qué tomar, basándose en lo que ven en redes sociales o en la publicidad. Esta práctica es peligrosa por varias razones. Primero, la calidad y la pureza de los suplementos no siempre están garantizadas, incluso si son “legales” y de venta libre. La regulación en muchos países es más laxa para estos productos que para los medicamentos, lo que abre la puerta a la contaminación, a dosis incorrectas o a ingredientes que no corresponden con la etiqueta.
Segundo, la idea de que “más es mejor” es un mito peligroso. La creencia de que una dosis más alta de vitamina C previene los resfriados o que megadosis de vitamina D fortalecen el sistema inmune de forma ilimitada no tiene sustento científico. De hecho, esta práctica puede generar un desequilibrio nutricional en el cuerpo, afectando la absorción de otros nutrientes y provocando efectos secundarios adversos. Por ejemplo, un exceso de zinc puede interferir con la absorción de cobre, y altas dosis de vitamina E pueden aumentar el riesgo de sangrado en personas que toman anticoagulantes.
La importancia de la evidencia científica
“A la hora de elegir cualquier suplemento, la evidencia científica debe ser nuestra guía principal. Antes de gastar dinero en un producto que promete milagros, es fundamental investigar si hay estudios clínicos rigurosos que respalden sus afirmaciones. ¿Se ha demostrado que ese producto específico tiene el efecto que dice tener en humanos? ¿Qué tan grandes fueron los estudios? ¿Fueron controlados con placebo?
Los organismos de salud y las sociedades científicas son una fuente confiable de información. Consultar las pautas de organizaciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS) o las recomendaciones de asociaciones médicas y de nutrición puede ayudarnos a tomar decisiones informadas. El papel de los suplementos legales es crucial aquí; a diferencia de los productos de mercado negro, los suplementos que cumplen con la normativa de cada país, aunque no estén tan estrictamente regulados como los fármacos, al menos han pasado por ciertos controles de seguridad”, argumentó el profesional.
Hay que entender que los suplementos vitamínicos no son la panacea universal para una salud perfecta. Son herramientas específicas para situaciones específicas. Su uso debe ser abordado con cautela, sentido común y, sobre todo, bajo la guía de un profesional de la salud. La mejor inversión para nuestra salud no está en una pastilla o polvito, sino en una dieta equilibrada, un estilo de vida activo y, cuando sea necesario, un diagnóstico médico que justifique su consumo. Al final del día, la naturaleza ya nos ha dado todo lo que necesitamos para prosperar, y los suplementos solo deberían ser una ayuda, no un reemplazo.
El profesional estuvo en Cada Día, mirá la nota