Juan Estrada Argerich fue quien craneó un lugar con varios sentidos: talabartería, diseño, muestras de arte, y de paso, un rincón gastronómico se ensamblan como piezas perfectas en esta gran apuesta a la que denominó “Chapas de Coria”. Un concepto que tiene clara la potencia de la sinergia emprendedora. Conocé la historia.
Una puerta separa el bullicio de una de las calles de Chacras de Coria, y tras atravesarla un escenario mágico emerge. Mesas pequeñas diseminadas en uno y otro rincón se acodan con una más central que parece esperar invitados. A pocos metros una estructura de chapa, con detalles de las estaciones de trenes de antaño parecen dar la bienvenida, mientras una galería pequeña que invita al solaz, alberga un par de sillas y mesas. Un fogón allí, elementos de cocina allá…todo parece una gran metáfora fotográfica.
Desde adentro mientras nos da la bienvenida y abre el portón corredizo, aparece Juan Estrada Argerich, quien dejó su Buenos Aires natal para vivir en Mendoza. Y no se equivocó. Armó “Chapas de Coria”. Adentro se respira arte, historia, oficio, y sin dudas emprendedurismo. El mismo que lo llevó a especializarse de talabartero además de ser ambientador y hasta trabajar en el Ministerio de Agroindustria.
“Esto era una playa de estacionamiento abandonada que convertí en este lugar en donde trabajo de talabartero, pero en el que también hacemos ferias de arte, exposiciones y hasta donde se puede comer”, cuenta entusiasta Argerich.
– ¿Cómo comenzó este amor por la talabartería?
“Empezó de forma sencilla cuando quise llevar mis herramientas y objetos de trabajo en mi bici, y me dieron ganas de tener un bolso fuerte, capaz de contener todo lo que tenía que llevar, hasta que luego de muchas idas y vueltas di con una lona agrícola reforzada que se hace para recolectar duraznos. Cuando quise acordar estaba metido en el mundo de los zapateros, talabarteros, artesanos y demás”.
Y desde ese oficio aprehendido (cuya marca es juandos) el amor por Mendoza surgió y trasladó a Juan, a vivir en nuestra Provincia y a hacer de un espacio abandonado en Chacras de Coria, un lugar iluminado por la magia del reciclaje, el arte y las buenas ideas. Y allí nació “Chapas de Coria”. Multiespacio de arte, muestras, cultura y hasta gastronomía. “Lo de la comida fue muy loco. Y es que unos japoneses que pasaron y vieron abierto el portón, consultaron si se comía aquí. Les contamos que podíamos armarles algo sencillo, y lo que comenzó como una gentileza, se transformó en una posibilidad para hacer cumpleaños, celebraciones o comidas sencillas al paso, los fines de semana.”.
Un micro universo que deja a las claras que de una necesidad puede nacer una solución, y de ésta última una idea que puede disgregarse en oportunidades impensadas, donde el espíritu emprendedor puede generar lo mejor de cada quien. De allí el resultado puede multiplicarse en el impulso mútuo.
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