La histórica firma mendocina repasa su camino de más de 70 años, desde sus orígenes familiares hasta los desafíos de modernización, manteniendo intactos sus valores y su apuesta por la calidad en el rubro infantil.
En un nuevo episodio del ciclo Historias con Marca, conducido por Elena Alonso, la tradición, el esfuerzo y la evolución empresarial se pusieron en primer plano con la participación de Gilberto José Rómoli y Gilberto Francisco Rómoli, referentes de una de las tiendas infantiles más reconocidas de Mendoza.
La historia de Rómoli no comenzó con la generación actual, sino mucho antes. Fue en febrero de 1955 cuando el padre de la familia inauguró el primer local, junto a su hermano, dando inicio a un emprendimiento enfocado en la indumentaria para niños. Con el paso del tiempo, el negocio fue creciendo y diversificándose, incorporando productos como cochecitos, butacas para autos y artículos de puericultura.
“Esto no empezó conmigo, empezó con mi padre hace 71 años”, recordó Gilberto José, quien se sumó a la empresa a los 17 años. Desde entonces, el negocio se consolidó como una empresa familiar en la que cada integrante aportó su rol: desde la madre, que se integró tras la salida del tío fundador, hasta la esposa, que participa en la selección de prendas.
Actualmente, la empresa emplea a unas 20 personas y mantiene una identidad clara: no fabrica sus productos, sino que selecciona cuidadosamente artículos de fabricantes, principalmente de Buenos Aires, priorizando siempre la calidad por sobre el precio.
El desafío de modernizar una marca histórica
Con la llegada de una nueva generación, el principal reto fue aggiornarse. Gilberto Francisco, tras finalizar sus estudios universitarios, ingresó a la empresa en un contexto de transformación tecnológica.
“El desafío fue grande porque pasamos de trabajar con papel y lápiz a sistemas de gestión y análisis mucho más precisos”, explicó. Pero además, había otro objetivo clave: reposicionar la marca entre las nuevas generaciones.
Para lograrlo, Rómoli apostó fuerte a la digitalización. Redes sociales, ventas por WhatsApp, página web e incluso la incorporación de inteligencia artificial forman parte de su estrategia actual. Sin embargo, mantienen un pilar fundamental: el local físico.
“El cliente, sobre todo las madres, quiere ver y tocar el producto. Eso no se reemplaza”, remarcaron.
Una empresa con valores firmes
Uno de los aspectos que más destacan los Rómoli es la cultura empresarial basada en valores. La honestidad, el compromiso y el trabajo en equipo son pilares que se transmiten tanto a empleados como a socios comerciales.
“Más que currículum, buscamos el ‘feeling’ con las personas”, explicaron. Esa conexión humana también se refleja en la experiencia de compra, especialmente en un rubro donde cada venta está cargada de emoción: la llegada de un hijo.
“Vendemos en momentos importantes de la vida de las personas. Eso requiere paciencia, dedicación y vocación”, señalaron.
Crisis, pandemia y resiliencia
Como muchas empresas, Rómoli atravesó momentos complejos. Factores económicos, la competencia con Chile y restricciones a las importaciones impactaron en su desarrollo. Sin embargo, el golpe más fuerte llegó con la pandemia.
“Fue un día a día muy difícil. No solo por las ventas, sino por lo que vivían nuestros empleados y sus familias”, recordaron.
La empresa debió cerrar tres locales, reduciendo su estructura, pero logró salir adelante gracias al trabajo conjunto y al compromiso de todo el equipo.
Mirada hacia el futuro
Hoy, con tres locales activos en Mendoza, la empresa proyecta crecer dentro de la provincia, especialmente en zonas como San Rafael y San Martín. A corto plazo, el foco está puesto en fortalecer su presencia digital y optimizar sus canales de venta online.
A largo plazo, el crecimiento se piensa paso a paso, evitando errores del pasado: “Vamos por escalones. Cerramos un proyecto y recién ahí empezamos otro”.
Pese a las dificultades y los desafíos, hay algo que no está en discusión: la empresa no está en venta.
“Rómoli es nuestra casa”, afirmaron.
Con más de siete décadas de trayectoria, la marca sigue apostando por Mendoza, combinando tradición y modernidad, pero sin perder de vista lo que la hizo crecer: la familia, la calidad y el compromiso con cada cliente.