La artista inició un proceso de revisión contable que expuso un conflicto con su padre, Alejandro Stoessel, y abrió una disputa millonaria en plena organización de su boda con Rodrigo De Paul.
El mundo del espectáculo se sacudió con la noticia de que Tini Stoessel habría decidido encargar una auditoría sobre las sociedades que administran su carrera. El objetivo, según trascendió, fue conocer con precisión cuál es su patrimonio real y cómo se distribuyen los ingresos generados por giras, contratos y derechos de imagen.
La medida destapó un conflicto familiar de gran magnitud. Alejandro Stoessel, su padre y representante durante más de 15 años, figura como titular o socio principal en las empresas vinculadas a la artista. Los resultados de la auditoría habrían revelado que Tini no aparece como socia ni contratada en esas estructuras, lo que derivó en un quiebre profesional y personal.
Periodistas especializados como Luis Ventura señalaron que la disputa económica podría alcanzar los 70 millones de dólares. “Lo extraño es que Tini recién pudo acceder a una cuenta bancaria propia en junio de este año”, comentó Ventura en televisión, subrayando que hasta entonces la cantante se manejaba con extensiones de tarjetas de crédito con límites reducidos.
El conflicto no se limita al plano económico. Según versiones, la relación entre padre e hija se deterioró al punto de que Alejandro no estaría invitado a la boda de Tini con Rodrigo De Paul, prevista para diciembre. “La decisión de auditar a su padre profundizó la interna familiar y generó un quiebre emocional”, explicó el periodista Damián Rojo.
Otro episodio que agravó la tensión fue la sugerencia de Alejandro de firmar un acuerdo prenupcial antes del casamiento, lo que derivó en fuertes discusiones. La intervención de abogados busca ahora desvincularlo de las decisiones patrimoniales futuras y evaluar la restitución de activos.
Mientras tanto, Tini continúa con la segunda etapa de su gira internacional Futttura, con fechas confirmadas en América Latina y Europa.