Con jubilaciones mínimas que apenas superan los $460 mil, adultos mayores de Mendoza aseguran que la inflación sigue golpeando fuerte y que muchos deben dejar de comprar medicamentos para poder pagar comida, alquiler y servicios.
El último índice de inflación en Mendoza, que marcó un 2,3%, volvió a poner en evidencia una problemática que golpea con fuerza a los sectores más vulnerables. Aunque el porcentaje aparece lejos de los niveles de dos dígitos registrados en años anteriores, jubilados y pensionados advierten que sus ingresos continúan perdiendo poder adquisitivo y que cada vez resulta más difícil afrontar gastos básicos.
Con haberes mínimos que rondan los $460 mil, incluyendo los bonos otorgados por ANSES, muchos adultos mayores aseguran que el dinero apenas alcanza para cubrir necesidades esenciales. En ese contexto, los medicamentos se convirtieron en uno de los gastos más difíciles de sostener.
“Alcanza para mí nada más los remedios”, expresó unu jubilado al relatar cómo debe administrar sus ingresos. Otra reconoció que tuvo que resignar compras y limitar gastos para poder pagar medicamentos, alquiler y servicios. “Todo eso, y quedo sin plata”, resumió.
La situación se agrava para quienes dependen de tratamientos crónicos y deben afrontar aumentos constantes en farmacias. Muchos aseguran que, pese a contar con cobertura de PAMI, existen demoras, trabas burocráticas y medicamentos que igualmente deben pagar de su bolsillo.
“Lo mínimo, pero ahí estamos subsistiendo”, comentó otro jubilado, quien además explicó que necesita mantener un trabajo extra para llegar a fin de mes. “Si no tenemos otro laburo, no podemos resistir la situación que hay ahora”, sostuvo.
Los testimonios también reflejan que algunos adultos mayores comenzaron a interrumpir tratamientos médicos por falta de dinero. “Sí, he tenido que dejar de comprar remedios. Son muy caros”, afirmó un pensionado por discapacidad que indicó percibir menos de $300 mil mensuales.
Ante la caída del poder adquisitivo, muchas familias buscan ingresos adicionales vendiendo comida casera o realizando pequeños trabajos. “Nosotros vendemos cosas dulces en nuestra casa”, contó una mujer, quien explicó que incluso redujeron salidas y gastos cotidianos para poder sostenerse.
La preocupación principal gira en torno a la salud. “Tengo que comprar un remedio que me sale 60 mil y no la tengo”, lamentó otra jubilada, quien reconoció que debió dejar de tomar parte de su medicación.
Mientras continúan los reclamos judiciales y las presentaciones colectivas en Mendoza para ampliar la cobertura de medicamentos de PAMI y frenar recortes en prestaciones, los jubilados aseguran que la realidad diaria sigue siendo crítica y que muchos deben tomar decisiones extremas entre alimentarse, pagar servicios o continuar sus tratamientos médicos.