Desde la coronación de Delia Larrive Escudero en 1936 hasta las reinas profesionales de la actualidad, la figura vendimial atravesó polémicas, transformaciones y debates que reflejan los cambios sociales de Mendoza, sin perder su peso simbólico dentro de la Fiesta Nacional de la Vendimia.
La historia de la Reina Nacional de la Vendimia está íntimamente ligada al crecimiento y la identidad de la Fiesta Nacional de la Vendimia. Desde su origen como figura simbólica hasta su rol actual como embajadora turístico-cultural, el reinado atravesó polémicas, transformaciones sociales y debates que aún hoy siguen vigentes.
Delia Larrive Escudero, la primera soberana
La primera reina fue Delia Larrive Escudero, coronada en 1936 con apenas 16 años. Su elección marcó el inicio formal de una tradición que con el tiempo se convertiría en uno de los emblemas más fuertes de Mendoza.
Antes de consagrarse a nivel nacional, Delia protagonizó la primera polémica vendimial al ser electa reina de Godoy Cruz. En aquella instancia se produjo un empate con otra candidata y el desempate quedó en manos del presidente del Concejo Deliberante, Luis Andrés Filippini.
Algunos sectores cuestionaban que en su libreta de enrolamiento figuraba como nacida en Luján. Sin embargo, la palabra de su padre —quien aseguró que siempre había vivido en Godoy Cruz— fue suficiente para validar la elección. Eran tiempos en los que la palabra tenía peso de documento.
En sus orígenes, la elección no nació como un concurso de belleza. La reina representaba a la mujer vinculada al cuidado, la fertilidad y la cosecha. Era el rostro humano de la fiesta y el símbolo que unía a todos los distritos mendocinos.
Atributos con identidad
Capa, corona, banda y cetro no fueron elementos elegidos al azar. Cada uno posee un significado preciso dentro del ritual vendimial. La corona simboliza la representación y el rol de embajadora; la capa otorga presencia y jerarquía; el cetro encarna el poder conferido por el pueblo.
Detrás de esos atributos existe una tradición artesanal sostenida por generaciones de bordadoras mendocinas. Familias enteras trabajaron durante décadas confeccionando capas de terciopelo, bandas con racimos y hojas de parra, y piezas bordadas con hilos dorados, canutillos y lentejuelas.
El proceso creativo parte siempre de la temática de cada edición. Se eligen materiales de alta calidad y colores con fuerte carga simbólica: habitualmente dorado para la reina y plateado para la virreina. La premisa es innovar sin perder los elementos identitarios que distinguen a la celebración.
El sistema de elección
La elección nacional reúne alrededor de 300 votos distribuidos entre intendentes, Reinas de Mandato Cumplido, el director de la fiesta y el público, cuyo peso comenzó a ser más determinante desde la década del 80.
Históricamente, los departamentos que más coronas nacionales han obtenido son Guaymallén, Godoy Cruz y San Rafael.
De figura simbólica a rol profesional
Con el paso del tiempo, la función de la reina dejó de ser meramente simbólica. En la actualidad, se trata de un trabajo con responsabilidades institucionales y agenda propia. La soberana recibe un salario del Gobierno provincial durante su mandato y debe prepararse para representar a Mendoza en eventos turísticos, culturales y productivos.
Ser mayor de edad es hoy un requisito excluyente. La mayoría de las reinas contemporáneas son profesionales —médicas, ingenieras, docentes o licenciadas— y muchas continúan sus estudios mientras cumplen su año de gestión.
La preparación incluye conocer la economía vitivinícola y comprender el sector productivo que representan. La figura ya no se limita a la imagen, sino que exige formación y compromiso.
Debate vigente
Desde los años 2000, la figura comenzó a ser cuestionada por sectores que plantean si resulta pertinente sostener un certamen que, en apariencia, pone el foco en la belleza. Frente a esas críticas, otros defienden el reinado como una tradición profundamente arraigada en la identidad cultural mendocina.
La discusión permanece abierta y forma parte de la evolución de una celebración que refleja los cambios sociales.
El peso de la corona
Quienes han atravesado la experiencia coinciden en que el año de mandato es intenso y exigente. La exposición pública constante y la agenda cargada marcan una etapa que combina emoción y responsabilidad.
Sin embargo, más allá de las dificultades, el momento del anuncio sigue siendo inolvidable: el nombre del departamento resonando en el teatro y el aplauso de las tribunas sellando un sueño que, en muchos casos, comenzó en la infancia.
Desde 1936 hasta hoy, la Reina Nacional de la Vendimia continúa siendo el testimonio vivo de la fiesta mayor de Mendoza: un símbolo que conjuga tradición, identidad y emoción colectiva.