La medida, impulsada por el Ministerio de Salud de Mendoza junto a la OPS, busca frenar la altísima tasa de cesáreas en el sector privado, que supera el 78%, y promover partos más seguros y respetados.
A partir de julio de 2026, las clínicas privadas de Mendoza modificarán la forma en que se atienden los nacimientos: los partos estarán exclusivamente a cargo de los médicos obstetras de guardia, mientras que los profesionales de cabecera podrán acompañar, pero no serán responsables del procedimiento.
La decisión se enmarca en una estrategia pionera que apunta a reducir las cesáreas innecesarias, un fenómeno que preocupa por sus cifras. En el sector privado mendocino, casi ocho de cada diez nacimientos se realizan por cesárea, mientras que en hospitales públicos la proporción baja al 41%. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que el índice no supere el 15%, ya que porcentajes más altos no implican mejoras en la salud materna ni neonatal.
El Ministerio de Salud de Mendoza, en conjunto con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), presentó la iniciativa como un paso clave para garantizar partos más seguros y humanizados. “Queremos que las mujeres lleguen al parto informadas, acompañadas y respetadas, evitando intervenciones quirúrgicas sin justificación médica”, señalaron desde la cartera sanitaria.
En cuanto a los honorarios médicos, el esquema también se modifica: el obstetra de cabecera recibirá un 25% del valor de la práctica, aunque no participe directamente del parto, mientras que el médico de guardia percibirá un salario fijo más un adicional del 15% por cada nacimiento atendido.
La medida fue adoptada por instituciones privadas de referencia, entre ellas el Hospital Español, el Hospital Italiano, el Hospital Isabel de Hungría, la Clínica de Cuyo, Santa María y Santa Clara. Todas firmaron el convenio que establece la nueva modalidad de atención.
No obstante, el cambio generó resistencia en parte del sector. La agrupación Obstetras Unidos de Mendoza (OBUM) cuestionó que el profesional que acompañó el embarazo no sea quien atienda el parto, advirtiendo que esto podría afectar la confianza de las pacientes y la continuidad del vínculo médico.
El debate está abierto, pero la estrategia cuenta con respaldo internacional. Para la OPS, Mendoza se convierte en un caso testigo en la región, con el desafío de bajar drásticamente la tasa de cesáreas y consolidar un modelo de atención que priorice el parto vaginal seguro y respetado.