La menor de 11 años muestra signos de recuperación tras el violento ataque, pero la ausencia de detenidos, la falta de respuestas judiciales y la desaparición de su hermano agravan el temor de una familia que se siente desprotegida.
La niña de 11 años que fue baleada el mes pasado en Godoy Cruz continúa con una evolución favorable, aunque su recuperación está atravesada por el temor de su familia ante la falta de detenidos y avances en la causa.
La menor permanece consciente y estable. Según el parte médico, no será necesario volver a intervenir quirúrgicamente una de sus piernas, ya que una nueva operación podría comprometer lo ya realizado. En tanto, su mano —que debió ser reconstruida tras interponerse entre la bala y su rostro— muestra signos alentadores: ya comenzó a mover los dedos, aunque aún siente dolor. También presenta heridas en ambas piernas, lo que requiere medicación constante.
Desde el entorno familiar indicaron que podría recibir el alta en los próximos días, posiblemente durante el fin de semana o a comienzos de la semana entrante. Sin embargo, lejos de traer alivio, la inminente vuelta a su casa genera preocupación.
El miedo está ligado a que no hay personas detenidas por el ataque. La niña, consciente de lo ocurrido, ya preguntó si quien le disparó está preso, lo que refleja el impacto emocional del hecho. Por este motivo, se le sumó acompañamiento psicológico y psiquiátrico.
La situación se vuelve aún más compleja por el contexto familiar. Días después del ataque, también se registró otro episodio violento contra una hija de 18 años. Además, un adolescente de 17 años —hermano de la menor— que había sido trasladado a un centro de resguardo, se retiró sin autorización tras un conflicto con otro joven.
La mujer también denunció falta de acompañamiento por parte de la Justicia. Asegura que no recibe información sobre el avance de la causa y que incluso habría sido bloqueada por la fiscal a cargo. “No hay detenidos y no tengo respuestas”, expresó Johana Sánchez, al tiempo que manifestó sentirse desprotegida junto a sus hijos.
En paralelo, cuestionó un procedimiento policial en su vivienda, donde —según relató— los efectivos realizaron un allanamiento y dejaron a los menores fuera del domicilio sin resguardo, en medio de la crisis familiar.
Mientras la niña avanza en su recuperación física, el temor y la incertidumbre siguen marcando el día a día de la familia, que reclama medidas urgentes para garantizar su seguridad y esclarecer el ataque.