La defensora mendocina de 28 años disputó su primera competencia internacional oficial con la Selección Argentina de fútbol para ciegas y volvió de Brasil con una Copa América. Detrás de la medalla hay una historia de resiliencia, esfuerzo y una ilusión que sigue creciendo.
Micaela Ortiz todavía tiene la medalla de campeona de América entre sus manos, pero reconoce que todavía le cuesta asimilar todo lo que vivió. En apenas unos días pasó de recibir la convocatoria a vestir por primera vez oficialmente la camiseta de la Selección Argentina de fútbol para ciegas. La mendocina, de 28 años, fue parte del plantel de Las Murciélagas que hizo historia en San Pablo. La albiceleste derrotó 1 a 0 a Brasil en la final de la competencia continental, con un gol de Gracia Sosa, y se quedó con el primer título de América de su historia.
Para Micaela, la consagración representa mucho más que una medalla. “Es una locura hermosa, pero es una locura”, contó al recordar el momento en que recibió la convocatoria. Detrás de esa frase hay una historia marcada por la resiliencia, el compromiso y el esfuerzo, pero también por las dificultades que debe superar todos los días para continuar entrenando y creciendo dentro del deporte de alto rendimiento.
Micaela Ortiz y el camino que la llevó a Las Murciélagas
La historia de Micaela con el fútbol comenzó en Mendoza. Desde chica encontró en ese deporte un espacio que con el paso de los años se convertiría en una parte fundamental de su vida.
A los nueve años, un accidente cambió para siempre su relación con el mundo que la rodeaba. A partir de entonces comenzó a perder la visión progresivamente y, después de una operación, quedó con una percepción limitada a luces y sombras.
“Tengo como el registro visual de las cosas”, explicó Micaela. Aunque actualmente no puede ver como lo hacía durante sus primeros años de vida, conserva recuerdos visuales que forman parte de su manera de relacionarse con el entorno.
Aprendió, de a poco, a encontrar otros caminos. Y esa capacidad de adaptarse terminó siendo también una herramienta fundamental dentro de una cancha.
La mendocina que hizo historia con la Selección Argentina
Micaela juega como defensora y actualmente integra el Centro Basko de La Plata, ya que en Mendoza no cuenta con un equipo donde pueda desarrollar esta disciplina.
La falta de una estructura local no fue un impedimento para continuar. Una o dos veces por mes viaja a Buenos Aires para entrenar con sus compañeras y, mientras permanece en Mendoza, sostiene su preparación física y deportiva de la manera que puede.
Su objetivo es llegar siempre en las mejores condiciones posibles para volver a ponerse la camiseta de Las Murciélagas.
El esfuerzo tuvo su recompensa cuando recibió la convocatoria para disputar su primera competencia internacional oficial. Y el debut no pudo terminar de una manera más emocionante: campeona de América.
Detrás del éxito deportivo existe una realidad mucho menos visible. Para entrenar en Mendoza, Micaela y su pareja deben buscar alternativas porque, según contó, no consiguieron contar con una cancha y un profesor que los acompañen de manera permanente.
Por eso, muchas veces el entrenamiento se realiza en el patio de la casa de su padrino. Allí, con los recursos disponibles, continúa trabajando para mantenerse preparada.
Es una escena que contrasta con la imagen de una selección campeona levantando una copa en Brasil. Mientras las grandes competencias tienen estadios, concentraciones y estructuras profesionales, en Mendoza Micaela encuentra la manera de seguir entrenando incluso cuando las condiciones no son las ideales.
Una Copa América que todavía le acelera el corazón
Micaela reconoce que todavía está procesando todo lo que ocurrió en Brasil. Desde el momento en que recibió la convocatoria hasta el viaje, cada partido y finalmente la final contra Brasil, las emociones permanecen presentes.
“Cada día, cada momento, hasta que llegamos a la final, alzamos la copa, todo, se me acelera el corazón”, contó. La final tuvo además un condimento especial: Argentina derrotó 1 a 0 a Brasil y consiguió el primer título continental de la historia de Las Murciélagas.
Para una jugadora que estaba viviendo su primera experiencia internacional oficial, la experiencia terminó siendo inolvidable. Pero Micaela sabe que la copa no marca un punto final. Es apenas otro comienzo.
Cuando habla de su recorrido, Micaela no se queda solamente con el fútbol. Su historia está atravesada por una palabra que considera fundamental: resiliencia.
Para ella, la capacidad de adaptarse a las circunstancias y continuar avanzando es una herramienta que sirve tanto dentro como fuera de una cancha. También habla de fortaleza y compromiso como pilares para alcanzar objetivos.
“Tener mucha fortaleza, resiliencia y compromiso creo que con eso llegás bastante lejos”, reflexionó. Y su propia historia parece darle sentido a esas palabras.
Perdió gran parte de su visión cuando era una niña. Tuvo que aprender a desenvolverse de otra manera. Encontró en el fútbol un camino. Hoy juega para la Selección Argentina, representa a Mendoza y acaba de convertirse en campeona de América.
La Copa América que Micaela sostiene entre sus manos representa el resultado visible de un camino que comenzó muchos años atrás. Es la recompensa después de los viajes, los entrenamientos, las dificultades y las veces en las que tuvo que encontrar soluciones para continuar.
Pero también representa una posibilidad: la de demostrar que el deporte adaptado puede abrir caminos y que las condiciones adversas no necesariamente tienen que convertirse en un límite.
