Las familias reducen sus compras y cambian sus hábitos para llegar a fin de mes: bajan las primeras marcas, aumenta el consumo de productos más económicos y crece el uso de la tarjeta y el fiado. En agosto, las ventas de los almacenes cayeron un 8,5% en volumen interanual.
Las ventas en los comercios de cercanía registraron una fuerte caída en volumen durante agosto. Las familias compran menos cantidad, cambian primeras marcas por opciones más económicas y recurren al fiado o a la tarjeta de crédito para sostener las compras de alimentos.
Los cambios en los hábitos de consumo ya se sienten con fuerza en los almacenes y comercios de cercanía. La menor disponibilidad de dinero de las familias, sumada a los gastos en servicios, alquileres y otros compromisos, obliga a hacer cada vez más cuentas antes de llegar a la góndola.
Durante agosto de 2026, las ventas de los almacenes registraron una caída interanual del 8,5% en volumen, es decir, en la cantidad de productos vendidos respecto del mismo mes de 2025.
El dato refleja una tendencia que los comerciantes vienen observando en los barrios: las familias reducen las cantidades, buscan precios más bajos y modifican las marcas que eligen para intentar mantener el presupuesto hasta fin de mes.
Menos cantidad y más búsqueda de precios
La economista Adriana Acevedo explicó que, frente a la situación económica, los consumidores se volvieron más selectivos y buscan administrar el dinero durante todo el mes.
Uno de los principales cambios aparece en las marcas. Productos que antes se compraban habitualmente de primeras marcas ahora son reemplazados por segundas opciones o alternativas más económicas.
También ganan importancia las promociones, los descuentos bancarios y las compras en supermercados y mayoristas durante los días en que se ofrecen beneficios.
La estrategia consiste en comparar precios y elegir la alternativa que permita obtener una mejor relación entre calidad y costo.
El fiado vuelve a ganar lugar
Uno de los datos más importantes del relevamiento es que el 77% de las familias consultadas financió sus compras de alimentos durante agosto.
La necesidad de financiar aparece especialmente hacia la mitad del mes. Cuando el dinero comienza a escasear, las familias recurren a la tarjeta de crédito o al fiado para poder continuar comprando.
Dentro de ese 77%, el 47% recurrió al fiado. Esta alternativa vuelve a cobrar relevancia cuando se agota el límite disponible de las tarjetas.
De esta manera, la compra que antes se concentraba en los primeros días del mes comienza a fragmentarse en pequeñas compras destinadas a cubrir las necesidades del día a día.
Menos carne y más pollo
Otro de los cambios que advierten los almaceneros aparece en la alimentación.
La carne vacuna perdió presencia en las compras y el cerdo también registra una menor demanda. En cambio, el pollo gana espacio como una de las alternativas más económicas.
El orden que describen los comerciantes pasó de ser carne vacuna, cerdo y pollo a una mayor presencia del pollo, seguido por el cerdo y, en menor medida, la carne vacuna.
También se redujo la cantidad de frutas y verduras compradas. En lugar de llevar kilos, algunos consumidores optan por comprar unidades para controlar el gasto.
La recomendación para quienes buscan ahorrar es aprovechar las frutas y verduras de estación, que suelen ofrecer mejores precios.
Papa, arroz y fideos ganan espacio
Mientras disminuyen las cantidades de carnes y lácteos, productos básicos como papa, arroz y fideos tienen una mayor presencia en los carritos de compra.
Los lácteos también se compran en menores cantidades y los consumidores buscan alternativas de menor precio.
Los cambios incluso llegan a productos cotidianos. Algunos clientes que antes compraban jamón cocido ahora eligen paleta, mientras que en productos de limpieza y otros artículos también se opta por marcas más económicas.
De las compras grandes a la compra del día
Los almaceneros también describen una modificación en la frecuencia de las compras.
Las compras grandes, que antes podían sostener buena parte del consumo mensual, son cada vez menos habituales. En su lugar aparece una modalidad de compras pequeñas y frecuentes, muchas veces destinadas únicamente a cubrir lo necesario para ese día.
Según los comerciantes, el comportamiento ya no está tan marcado por una determinada fecha del mes. Incluso durante los primeros días, cuando habitualmente las ventas aumentaban después del cobro de salarios, algunos negocios encuentran una demanda mucho menor.
“Está muy parado todo”, resumió uno de los comerciantes consultados, quien aseguró que en sus 35 años al frente del negocio nunca había atravesado una situación similar.
Los comerciantes también cambian su estrategia
La caída del consumo obliga a los propios almaceneros a modificar la mercadería que ofrecen.
Algunos comerciantes explicaron que antes trabajaban principalmente con productos de primera calidad, pero ahora incorporan más segundas marcas para poder ofrecer precios más bajos.
También aumentan las ofertas y las promociones con el objetivo de sostener las ventas.
El cambio en el comportamiento de los clientes es evidente: quienes antes priorizaban determinadas marcas ahora preguntan por alternativas más económicas y comparan precios antes de decidir qué llevar.
El gasto se reduce hasta en los pequeños gustos
La reducción del consumo también alcanza a productos que no son de primera necesidad.
Los comerciantes cuentan que algunos clientes redujeron pequeños gustos cotidianos: por ejemplo, pueden llevar una tortita y dejar de comprar un alfajor, o directamente limitarse a comprar lo indispensable.
La prioridad es llegar a fin de mes y evitar que el dinero disponible se termine antes de tiempo.
En este contexto, las familias hacen cuentas prácticamente todos los días y modifican sus elecciones según el precio de cada producto.
La situación también impacta en los comercios: con menores ventas, los almaceneros aseguran que muchas veces trabajan sin margen de ganancia suficiente y priorizan reunir el dinero necesario para afrontar impuestos y otros gastos.
Así, el cambio en el consumo no solo se refleja en cuánto compran las familias, sino también en qué productos eligen, qué marcas llevan, cómo financian sus compras y con qué frecuencia se acercan al almacén.