Una pareja quedó varada en Mendoza durante tres semanas y, ante el alto costo del alojamiento, tuvo que pasar las noches en los bancos de la Terminal mientras esperaba poder continuar su viaje.
Una pareja quedó varada en Mendoza durante tres semanas por el cierre del paso internacional Cristo Redentor. Sin dinero suficiente para pagar un hotel ni un pasaje en avión, tuvo que convertir los bancos de la Terminal en su lugar para dormir.
La situación se extendió durante 21 días, en los que la pareja buscó la manera de sobrellevar la espera con ayuda económica de sus familiares. El alojamiento era una de las principales dificultades: según contaron, los precios que encontraron superaban los 200 mil pesos por día, un monto que no podían afrontar.
Durante el día intentaban mantenerse ocupadas recorriendo los alrededores de la Terminal, buscando lugares donde pudieran comprar comida a precios más accesibles. También encontraron un espacio donde podían bañarse, aunque debían pagar para utilizarlo.
“Nos pasamos caminando afuera, adentro”, relató la joven, quien explicó que el dinero que recibían de sus padres alcanzaba principalmente para comprar alimentos y cubrir algunas necesidades básicas.
Las noches eran lo más difícil. Los bancos de la Terminal se transformaron en su cama durante las tres semanas. “Por tres semanas estos asientos fueron nuestra cama, nuestra habitación”, contó la pareja.
Según explicaron, los asientos no podían reclinarse y dormir allí era prácticamente imposible. “No dormíamos ni una hora o dos y ya nos quedábamos despiertos todo el día, toda la tarde, toda la noche”, relató la joven.
A las dificultades para descansar se sumó el frío durante la noche. Con el descenso de las temperaturas, tuvieron que recurrir a la ropa que llevaban para intentar mantenerse abrigados.
“Pasábamos frío en la noche y aparte bajaban los grados”, contó. Para soportar esas horas, se cubrían con sus polerones.
La joven destacó que el apoyo de sus padres fue fundamental durante los días que permanecieron varados. “Gracias a Dios yo tengo el apoyo de mis papás”, explicó, y señaló que sus familiares les enviaban dinero para que pudieran comprar comida y afrontar algunos gastos.
La pareja permaneció así durante 21 días, a la espera de que la situación en el paso Cristo Redentor permitiera retomar su regreso al país vecino.