Preocupación por la salud mental de los policías tras la muerte de un comisario en Maipú

Preocupación por la salud mental de los policías tras la muerte de un comisario en Maipú

Mendoza

La muerte del comisario de la Comisaría 10ª de Maipú volvió a encender las alarmas por la salud mental dentro de las fuerzas de seguridad. Una especialista advirtió sobre la necesidad de reforzar la prevención, acompañar a los efectivos en situación de vulnerabilidad y mejorar los protocolos de asistencia.

La muerte del jefe de la Comisaría 10ª de Maipú, ocurrida durante el fin de semana, volvió a poner en el centro de la escena la salud mental de los integrantes de las fuerzas de seguridad. Mientras la investigación busca determinar las circunstancias del hecho y todo apunta, en principio, a un suicidio, una especialista advirtió sobre la necesidad de reforzar los mecanismos de prevención y asistencia para policías y penitenciarios.

La situación genera preocupación dentro de la fuerza, ya que, según lo informado durante el programa, con este caso serían cuatro los efectivos policiales que se quitaron la vida durante 2026, aunque la especialista consultada mencionó una cifra de nueve personas al referirse a los casos registrados en el año en un contexto más amplio. La investigación deberá confirmar las circunstancias del fallecimiento del comisario.

En diálogo con el programa, la doctora en Psicología Marta Diaz de Dragotta, explicó que uno de los principales puntos sobre los que debería trabajarse de manera inmediata es la protección de aquellos efectivos que atraviesan situaciones de vulnerabilidad y que dejan de cumplir tareas operativas.

La profesional destacó la necesidad de activar de manera urgente protocolos de protección para quienes se encuentran en situación de TNO (Tareas No Operativas), especialmente cuando existe una situación de conflicto dentro de la Policía o del Servicio Penitenciario y el efectivo deja de tener la tenencia de su arma reglamentaria.

Una tarea atravesada por situaciones de alto estrés

Díaz de Dragotta señaló que los integrantes de las fuerzas de seguridad desarrollan una actividad de alto riesgo y que están expuestos de manera cotidiana a situaciones vinculadas con la violencia.

Entre las circunstancias que pueden afectar su salud mental mencionó intervenciones en conflictos de pareja, violencia intrafamiliar, intentos de suicidio, toma de rehenes y otros episodios de extrema tensión.

A esto se suman las características propias de instituciones con una estructura semimilitarizada, donde los efectivos reciben órdenes que deben cumplir, además de situaciones como traslados que pueden provocar la desintegración de grupos familiares, victimización y extensas jornadas laborales.

Otro de los factores señalados fue la necesidad de realizar horas extras y servicios adicionales para complementar los ingresos, una situación que puede incrementar el desgaste físico y emocional.

El problema de pedir ayuda

La especialista también advirtió sobre una situación que, según explicó, puede convertirse en un obstáculo para quienes buscan asistencia psicológica.

En determinados casos, cuando un efectivo reconoce que no se encuentra en condiciones de continuar portando su arma, se le retira el armamento y, de acuerdo con los reglamentos, también puede dejar de utilizar el uniforme. Esto puede generar una consecuencia económica para el trabajador y convertirse en un factor que desaliente la búsqueda de ayuda.

Por ese motivo, Díaz de Dragotta consideró necesario revisar integralmente los mecanismos de atención y contención para evitar que pedir asistencia termine agravando la situación personal y familiar del efectivo.

“No todas las personas están en condiciones de trabajar como policías”

Otro de los puntos planteados por la psicóloga fue el ingreso a las fuerzas de seguridad. Según sostuvo, se trata de incorporaciones masivas en las que no siempre existe una verdadera vocación para desempeñar una tarea de estas características.

En ese sentido, consideró necesario fortalecer la evaluación y el acompañamiento desde el área de salud mental desde el momento del ingreso y durante toda la carrera del efectivo.

También cuestionó la cantidad de profesionales disponibles para atender a una población que, según indicó, ronda los 9.600 efectivos, y planteó que los recursos destinados a la atención psicológica resultan insuficientes frente a las características de la actividad.

Un llamado a las autoridades

Díaz de Dragotta pidió a las autoridades provinciales, a la ministra de Seguridad y al gobernador que se profundicen las medidas destinadas a cuidar la salud mental de quienes integran las fuerzas.

“Son las personas que nos cuidan”, sostuvo la especialista, al remarcar la necesidad de evitar que la mirada sobre policías y penitenciarios quede limitada a las situaciones conflictivas en las que intervienen.

Finalmente, insistió en la importancia de establecer mecanismos de prevención temprana, especialmente para aquellos agentes que atraviesan situaciones de crisis y son apartados de las tareas operativas.

La profesional también recordó las recomendaciones internacionales sobre el tratamiento periodístico de los suicidios y señaló que este tipo de hechos debe abordarse con especial responsabilidad para evitar efectos de imitación o contagio.

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