“Yo vi a mi hijo vivo, lo tuve y me lo llevaron”: 40 años después, una medallita permitió encontrar restos que podrían ser los de su bebé nacido en el Hospital Lagomaggiore

“Yo vi a mi hijo vivo, lo tuve y me lo llevaron”: 40 años después, una medallita permitió encontrar restos que podrían ser los de su bebé nacido en el Hospital Lagomaggiore

Mendoza

Susana dio a luz en el Hospital Lagomaggiore en 1986 y le informaron que su hijo había muerto, pero nunca le entregaron el cuerpo. Una investigación de la Justicia Federal encontró restos humanos junto a una medalla con el mismo número que la que ella conservó. Ahora esperan los resultados de ADN para confirmar si pertenecen al niño.

Durante casi 40 años, Susana no supo qué había ocurrido con el bebé que tuvo en el Hospital Lagomaggiore. El 3 de septiembre de 1986 dio a luz a un varón y, según le informaron, el recién nacido había muerto. Sin embargo, nunca le entregaron el cuerpo ni recibió una explicación que le permitiera conocer qué había pasado.

Casi cuatro décadas después, una investigación de la Justicia Federal llegó a un hallazgo que podría ayudar a esclarecer aquella historia: en una bóveda del cementerio de la Ciudad de Mendoza encontraron restos humanos junto a una medallita cuyo número coincide con el que tiene la que Susana guardó desde el nacimiento de su hijo.

La coincidencia representa un avance importante, aunque todavía falta una prueba fundamental: el análisis de ADN que permita determinar si los restos encontrados corresponden efectivamente al bebé.

El caso es acompañado por el abogado Carlos Varela Álvarez, quien explicó que Susana atravesó durante años esta historia en silencio. Era muy joven cuando tuvo a su hijo y el tema quedó como un secreto familiar. Con el paso del tiempo, y especialmente después de conocer otros relatos similares que comenzaron a difundirse en los medios, decidió buscar respuestas.

“Ella nos dijo: ‘Yo vi a mi hijo, o sea, lo vi vivo, lo tuve y me lo llevaron’”, contó el abogado. Y agregó que, desde aquel momento, nunca pudo saber qué había sucedido: “Nunca más supo si estaba vivo, si estaba muerto, qué había pasado”.

En un primer momento, la familia acudió a la Justicia provincial, pero, según explicó Varela Álvarez, encontraron numerosas causas relacionadas con situaciones similares que no avanzaban. Por eso decidieron recurrir a la Justicia Federal y solicitar un juicio por la verdad, una herramienta que permite investigar y reconstruir los hechos, aun cuando el paso del tiempo dificulte o impida avanzar por la vía penal.

La presentación fue aceptada y se inició una investigación que incluyó la revisión de documentación del hospital y la búsqueda de posibles restos en el cementerio.

Uno de los puntos centrales de la investigación fue el sector del cementerio destinado a los restos de personas no identificadas (NN). Allí se realizaron inspecciones y aperturas de bóvedas con la participación de Gendarmería Nacional y del Cuerpo Médico Forense de la provincia.

El hallazgo se produjo durante la última jornada de búsqueda. Los investigadores abrieron una de las últimas bolsas pendientes y encontraron restos humanos junto a una medallita.

El número grabado en esa pieza coincidía con el de la medalla que Susana había conservado desde 1986. Según relató Varela Álvarez, se trataba de la última bolsa que quedaba por revisar y de la última medalla encontrada, correspondiente a ese año.

Al recibir la noticia, Susana se comunicó con el abogado y le dijo: “Encontraron a mi bebé, a mi hijo”.

Para Varela Álvarez, el hallazgo fue un momento de enorme carga emocional para ella. Después de tantos años sin respuestas, encontrar un elemento que coincide con el que conservaba representa la posibilidad de cerrar una etapa de incertidumbre.

Aunque la coincidencia de las medallitas es un dato clave para la investigación, todavía no permite afirmar que los restos encontrados sean los del bebé de Susana.

“Hoy lo que hay es una coincidencia. Hay una medalla que coincide con la otra medalla. Pero hay que saber si esos restos son efectivamente los de él”, aclaró el abogado.

Por eso, el próximo paso será realizar los estudios genéticos correspondientes. Mientras tanto, los restos permanecen bajo custodia del cementerio.

Durante la investigación también se reunieron documentos que acreditan el nacimiento del niño y consignan datos como su peso y los nombres de los profesionales que intervinieron en el parto. Sin embargo, no se pudo reconstruir por completo qué ocurrió después.

Varela Álvarez señaló que en aquella época el hospital tenía procedimientos establecidos para informar y documentar las muertes de recién nacidos, pero no encontraron constancias que permitan explicar qué pasó en este caso. Además, indicó que parte de la documentación hospitalaria fue destruida en una quema de archivos realizada durante la década de 1990. No se pudo determinar si esa destrucción fue intencional.

El abogado también sostuvo que, si el bebé había fallecido, sus restos debían haber sido entregados a su madre para que pudiera despedirlo y darle sepultura, y no terminar enterrados como NN.

Para Varela Álvarez, el caso de Susana no es un hecho aislado. Durante el trabajo judicial encontraron otras denuncias vinculadas con situaciones similares ocurridas en el mismo hospital y en años cercanos.

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