Desde aquella primera celebración en 1936 hasta el mítico escenario del Teatro Griego, un recorrido por la historia, los protagonistas y los hitos que consolidaron a la Vendimia como símbolo provincial.
Con 90 años de historia, la Fiesta Nacional de la Vendimia reafirma su lugar como la celebración más importante de Mendoza y una de las más emblemáticas del país. Un informe especial repasa su origen, su evolución y las voces que ayudan a entender por qué esta fiesta no se explica: se siente.
“La primera fiesta de la Vendimia se hizo en el año 1936 y el lugar elegido fue la cancha de Gimnasia, en el Parque. No fue casual. Era el espacio más grande disponible en la ciudad para albergar a miles de personas”, explicó el historiador Gustavo Capone.
Aquella decisión marcó el inicio formal de una celebración que buscaba algo más que un espectáculo. Mendoza atravesaba años difíciles por la caída del precio del vino, y se volvió urgente promover la industria vitivinícola. “Qué mejor que celebrar el vino y convertirlo en fiesta popular”, señaló, al recordar la gestión del entonces gobernador Guillermo Cano.
Capone agregó que el primer libreto incluía un reconocimiento al dios Baco como eje de la trama, aunque con el tiempo la puesta fue mutando de escenarios hasta llegar “al mítico, al histórico, al gran escenario de Mendoza”.
Para entender la Vendimia actual hay que retroceder aún más. “El antecedente más cercano eran las fiestas barriales que se generaban por iniciativa del bodeguero del lugar, después de consagrar la cosecha de la uva”, detalló Capone. Allí se realizaba el tradicional asado de fin de cosecha, se elegía a la “buena moza” y se entregaban premios simbólicos como un cuchillo, un jamón o un poncho. Esas celebraciones pueden ubicarse ya en el siglo XIX.
En 90 años, la fiesta solo se suspendió en tres oportunidades: en 1956 por el golpe de Estado; en 1985, cuando el terremoto obligó a transformarla en una vendimia solidaria y simbólica; y en 2021, cuando la pandemia derivó en una propuesta audiovisual sin elección de Reina.
Con el paso del tiempo también se consolidó el calendario vendimial: en 1938 comenzó la Bendición de los Frutos; en 1940 nació la Vía Blanca; y en 1954 se adoptó como himno la popular Marcha de la Vendimia.
“La Marcha de la Vendimia tiene varios antecedentes. La música es de Egidio Pitaluga y la letra de los hermanos Pelay”, explicó el músico Juan Ignacio Rojas, integrante y presidente del Movimiento Independiente de Músicos Mendocinos (MIMM).
Rojas subrayó que la sociedad la adoptó “identitariamente” y que es una obra viva: “Todavía hay gente que realiza aportes, nuevos arreglos, nuevas fusiones. La cultura es eso, siempre está en evolución”.
La música, de hecho, es uno de los pilares del Acto Central. Aunque durante años se utilizaron pistas grabadas, desde 2006 se recuperó definitivamente el staff de músicos tocando y cantando en vivo. “Si repasás las críticas, la música siempre termina bien punteada. Podés no entender del todo el guion, pero la música de una manera u otra te lleva”, aseguró Rojas.
Desde 1963, el escenario definitivo es el Teatro Griego Frank Romero Day. Inspirado en los teatros clásicos y con capacidad para más de 20 mil personas, terminó de darle identidad propia a la Vendimia.
El director Pedro Marabini lo describió con emoción: “El teatro griego me enseñó, como el mejor profesor en mi vida, de qué se trataba Mendoza. Ahí empecé a amar a la Vendimia”.
El Acto Central no es solo un espectáculo: es un ritual colectivo que debe emocionar a 22.000 personas al mismo tiempo. Marabini contó que, en más de una ocasión, los bailarines lo llevaron en andas hasta el escenario: “Nunca supe que estaba enfrente incluso de presidentes o embajadores. En ese momento se disipan todas las dudas”.Uno de los momentos más intensos es el malambo final. Para el especialista Sergio Magallanes, “es el broche de oro”. Y explicó: “No solo ves talento o coreografías, ves sentimientos. Ejecutar un malambo es contar nuestra historia de vida”.
Magallanes citó al campeón Fabián Sarna para resumirlo: “La vida en un malambo”. Más allá de la cantidad de artistas en escena, “la pasión es una sola, la energía es una sola”.
Cuando termina el espectáculo, para muchos comienza otro de los momentos más esperados: la elección de la Reina Nacional. Nació como homenaje a la mujer de la viña, pero con el tiempo se transformó en representación de cada comunidad.
El reconocido locutor Sergio Coco Gras definió el voto cantado como “una arenga muy folclórica, muy nuestra”. Describió el bullicio, la efusividad y el clima en las gradas del Frank Romero Day como un momento lúdico, aunque con un fuerte marco protocolar y legal.
“La Vendimia es un género en sí mismo, muy difícil de alterar”, reflexionó Capone. Para Rojas, cuando uno empieza a entender su provincia, comprende que en realidad se trata del festejo por la culminación del trabajo de todo un año. Coco Gras la definió como “una de nuestras tarjetas de presentación”, una postal que evoca símbolos e historia. Y Marabini fue más personal: “No me cambian las ganas, sigo teniendo las mismas ganas de hacer Vendimia de toda mi vida”.
Magallanes lo sintetizó en una frase contundente: la Vendimia “ha hecho el bien más preciado a nuestra provincia”, porque aunque el país tenga muchos festivales, ninguno es tan extenso y profundo como el mendocino.
La historia no termina acá: en los próximos días se emitirá un nuevo informe especial para seguir recorriendo anécdotas, protagonistas y momentos que marcaron estas nueve décadas de Vendimia.