La imagen que protege a los viñedos mendocinos forma parte de uno de los momentos más emotivos de la Fiesta Nacional de la Vendimia. Fe, tradición y cultura se mezclan en una devoción que llegó desde España y se convirtió en símbolo de la provincia.
En Mendoza, la Vendimia no solo celebra la cosecha de la uva. También mantiene viva una tradición que nació en el mundo rural y en la fe de los trabajadores de la tierra. La Virgen de la Carrodilla ocupa un lugar central como protectora de los viñedos y símbolo de la cultura vendimial.
Su presencia en los actos oficiales, especialmente en la Bendición de los Frutos, es uno de los momentos más esperados por el público.
El sacerdote Germán Lledó explica que el vínculo entre la Virgen y la fiesta vendimial se remonta a los primeros años de esta celebración. “La Virgen de la Carrodilla está vinculada muy fuertemente con la historia de la Vendimia, puntualmente con la Bendición de los Frutos, pero también con todo el festejo vendimial”, señaló.
Además recordó que esta relación comenzó casi desde los inicios de la fiesta. “La Fiesta Nacional de la Vendimia está cumpliendo 90 años y la Bendición de los Frutos arrancó en 1936. Ya en su tercer año aparece la imagen de la Virgen de la Carrodilla acompañando ese momento”, explicó.
La devoción a la Virgen de la Carrodilla nació en España. Según la tradición, la primera aparición ocurrió en una mina de carbón, donde un grupo de obreros aseguró haber visto a la Virgen en la localidad de Estadilla. Con el tiempo, llegó a Mendoza gracias a Antonio Solanilla, un español que se instaló en Luján de Cuyo y trajo consigo la imagen.
El padre Lledó recuerda una historia que marcó el comienzo de esa devoción en la provincia. “En un momento de temporal muy fuerte en Mendoza, Solanilla rezó en un pequeño oratorio pidiéndole a Dios que protegiera este lugar que estaba lleno de viñas”, relató. “Le pidió a la Virgen de la Carrodilla, la imagen de su pueblo, que protegiera las plantaciones de las tormentas. Después de ver que ese lugar fue protegido, decidió volver a España y traer la imagen que hoy preside el santuario”, agregó.
Esa figura, con el tiempo, se convirtió en el centro del actual Santuario de la Virgen de la Carrodilla, uno de los espacios religiosos más visitados por mendocinos y turistas.
La casa donde vivió Solanilla todavía se conserva en Luján de Cuyo. Allí comenzó una historia familiar que continúa hasta hoy. Uno de sus descendientes, Marcos Solanilla, relató cómo su antepasado llegó a Mendoza en un contexto difícil para Europa. “Cuando estaban las guerras napoleónicas alrededor de 1770, él decide escaparse de esa situación y venir a Mendoza, sabiendo que había tierra fértil para los viñedos”, contó.
Según explicó, la imagen llegó casi de manera clandestina. “La Virgen la trajo escondida, sin declararla como tal. La trajo como un bulto más entre todo lo que traía”, relató.
Para su familia, ese gesto fue clave para la historia de la devoción en la provincia. “Siempre sintió que era un gran beneficio traerla. Tenía esa necesidad de que se conociera, porque era una Virgen muy importante para todo lo que tiene que ver con los viñedos”, afirmó.
Con el paso de los años, la presencia de la Virgen se transformó en una tradición dentro de los actos vendimiales. En 1950 se realizó una segunda escultura, más grande y de color rosado, que acompañó los festejos durante más de cinco décadas. Esa imagen participó de la fiesta hasta 2005 y hoy se conserva en el museo del santuario.
Cada vez que ingresaba al Anfiteatro Frank Romero Day, el público reaccionaba de manera especial.
El padre Lledó recuerda lo que ocurrió en una ocasión en la que la imagen no ingresó al escenario. “Cuando la Virgen no está en la fiesta, algo raro pasa en el teatro. La gente manifiesta que algo está faltando”, señaló. “Creyentes y no tan creyentes sienten lo mismo, porque la Virgen ya está metida en lo cultural de Mendoza”, agregó.
Incluso cuando apareció proyectada en una pantalla, el público reaccionó. “Apareció una imagen de fondo en el anfiteatro y hubo aplausos como siempre, pero también quedó la sensación de que no habíamos recibido lo que esperábamos”, recordó.
En el 2006, la provincia encargó una nueva escultura porque la imagen anterior ya no podía trasladarse sin riesgo debido a su deterioro. El trabajo fue realizado por el artista mendocino Humberto Cappella, quien creó la figura que actualmente participa de los actos vendimiales.
La escultura mide 2,10 metros, está realizada en resina y fibra de vidrio y sus detalles dorados fueron pintados con oro a la hoja.
Cappella recordó con emoción el momento en que fue convocado para realizarla. “Yo siempre amé la Vendimia. Nunca me imaginé que un día me iban a llamar para hacer la Virgen de la Carrodilla”, contó. “Creo que me voy a morir y no voy a alcanzar a valorar lo que me tocó hacer”, expresó.
El artista también destacó el vínculo entre la imagen y los trabajadores del viñedo. “El viñatero es el que está metido en la tierra y tiene un amor muy fuerte por la Virgen. Deja el tacho y viene a persignarse o a tocar la imagen con las manos llenas de mosto”, relató.
Y agregó una anécdota que decidió conservar como parte de la escultura. “Han quedado huellas de mosto en el manto de la Virgen y no se las voy a sacar. Creo que la Virgen se siente feliz de que el cosechador la toque con sus manos llenas de mosto”.
La presencia de la Virgen de la Carrodilla en los actos vendimiales no solo representa un símbolo religioso. También refleja la historia de Mendoza y el vínculo entre la fe y el trabajo de la tierra.
Para el padre Lledó, incluso la Biblia muestra una conexión simbólica con el vino. “El Evangelio cuenta que Jesús y la Virgen participan de una boda y es María la que se da cuenta de que no hay vino”, explicó.
“Es la Virgen, con esa mirada maternal, la que le dice a Jesús: Aquí falta la fiesta, falta el vino de la alegría.”, agregó.