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“Pienso todo el tiempo en la mamá de la beba”

“Pienso todo el tiempo en la mamá de la beba”

Soledad, la mujer que encontró en la puerta de su vivienda en Mendoza, a “Luz”, en una charla íntima con ElNueve.com. Detalles de ese día y su propia historia de vida

Por: Marina Correa

A los 15 minutos de haber entrado a su casa en el barrio Alta Mendoza en la zona oste de la ciudad de Mendoza, María Soledad Ripoll sintió que golpeaban la puerta. Miró por una de las ventanas desde donde se puede observar el hall de su vivienda y vió una manta roja, su primer pensamiento fue que le habían dejado un perrito. Su esposo es veterinario, y ya habían pasado en su momento por algo similar, incluso actualmente tienen un nuevo integrante de la familia, Pelusa, a quien su hijo más chico rescató luego de ser tirado en el barrio. “Convencida que era un perrito, salí inmediatamente, abro la puerta y veo la carita de la bebé”, dice María Soledad Ripoll, la mujer que a menos de un mes de encontrar a Lucía como su hija la llamó o Luz como luego la llamó la policía, no deja de pensar en ella y en su madre biológica especialmente. Soledad accedió a una entrevista exclusiva con ElNueve.com y en la charla no solo cuenta sobre los sentimientos que la invadieron ante una circunstancia tan movilizadora, sino también que en su familia hay un hilo conector con las infancias y maternidad.

Soledad Ripoll nació en Zárate, Buenos Aires; su madre y hermanas viven en San Juan y ella llegó a la provincia para acompañar a su marido sanjuanino, quien decidió venir a estudiar la carrera que hoy ejerce, la de veterinario. Hija de una mamá maestra rural, de un padre gendarme fallecido hace 10 años y hermana también de dos maestras, ella había elegido continuar con esa “profesión familiar” de la educación y estudió para maestra jardinera. La muerte repentina de su papá de un ACV, cambió esos planes, fue como un tsunami emocional que la dejó devastada. Después llegó su vida en Mendoza, el nacimiento de sus hijos y así pasaron 10 años hasta que fue en la pandemia que descubrió una pasión, que hoy es su amado emprendimiento, la venta de pastelería casera. “Criar a mis hijos no fue un peso, fue una bendición, siempre soñé con ser madre y al vivir en una provincia donde no tenía familiares, fue charlado en pareja con mi esposo, que yo me haría cargo del día a día de mis hijos. No fue algo que me tocó, fue algo querido por ambos y deseado y ahí hago el primer alto y vínculo con la situación que viví. Si pienso en la madre de la beba, siento que quizás su única posibilidad de elección fue el abandono, pero para soñar con una vida mejor para su hija. Esta mujer o esta pareja de madre y padre, han reflexionado esta elección, lo puedo percibir, la bebé tenía señales de amor. Olía rico, su boquita estaba como rojita, es algo que quienes han amamantado saben que les queda así por un ratito. Para mí le acababan de dar el pecho, ella no lloró nada, por eso no puedo dejar de pensar en esa mujer, estoy segura ha sido una decisión reflexionada”, dice Soledad quien también asegura jamás en su vida olvidará el rostro de la bebé.

“No la disfruté”

A las 20h fue el golpe en la puerta de casa de Soledad, y en consecuencia el abandono de la beba, a las 20:12 la dueña de casa ya estaba llamando a la ambulancia. En esos casi 15 minutos, lo que le sucedió a Soledad fue un impacto total. “Lo primero que necesitaba era saber que estuviera bien, pero aunque eso lógicamente lo dirían los médicos, casi inmediatamente me di cuenta que sí lo estaba. Si hablo con el corazón en la mano, debo confesar que se me ha pasado por la cabeza decir, porque no la disfruté más, pero lógicamente hice lo que había que hacer. Esa noche fui a declarar a la fiscalía y conté todo con lujo de detalles, tenía incluso los audios que le había mandado a mi marido y así reconstruimos minuto a minuto. Realmente no se de donde saqué la lucidez para contar tanto detalle, porque estaba atravesada emocionalmente por todo. Me da mucha tranquilidad saber que ese nivel de detalle, quizás pueda ayudar a la bebé a reconstruir su historia, quizás se encuentre a la madre o quizás no. Insisto con el amor que yo observé, la manta y el gorrito haciendo juego, su ropita que alguien cosió, sus uñitas cortadas, pienso y pienso que llevó a esa madre a desprenderse de un ser tan hermoso. Tan amado, tan preciado, tengo una seguridad interna que lo hizo para alejarla quizás de algo que ella está pasando. Y si pudiera hacer algo hoy mismo, sería darle un abrazo a esa mamá, solo eso abrazarla porque debe estar sufriendo”, le decía Soledad a ElNueve.com.

Nuevo hogar

Desde que nació, Soledad Ripoll creció en un hogar donde se tomó mucho contacto con duras realidades sociales. “Mi madre era maestra en escuelas urbano marginales, desde pequeña sé lo que son contextos sociales duros y las realidades que allí se viven. Por eso no puedo juzgar a esa madre, sino que imagino que esta chica quiso salvar a su hija de algo”, cuenta Soledad.

“Lógicamente desde que abracé a la beba, sentí que debía quedármela, mis hijos también, toda mi familia. Yo incluso tengo las trompas ligadas y no podría volver a ser mamá y por un instante me imaginé empezando nuevamente de cero. Incluso si recuerdo, me ha rondado la fantasía de que esta situación podría ocurrir, lo que no puedo creer es que verdaderamente me pasó. Fue la fiscal quien me dejó reflexionando, me habló de una mamá y un papá que estaban en la lista de espera y entonces supe que Luz tendrá un nuevo hogar, donde la han esperado hace mucho tiempo. Sé que va a estar bien y si bien ahora el proceso es esperar 30 días a ver si su mamá biológica se arrepiente, siento que no lo hará. Lo siento por como se dieron las cosas y bueno esa familia que ahora la tiene en guardia como me he enterado, ojalá sea ese el hogar que su mamá biológica debe haber imaginado para ella. Y ojalá también algún día la pueda volver a ver, en casa siempre mi familia le dará la bienvenida ella ya es parte de mi propia historia de vida y de la de mi familia”, dice Soledad. 

 
 
 
 
 

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