Ya sea por pudor, falta de información o el hecho de dejarse estar, la consulta al gastroenterólogo se hace esperar. Causas y consecuencias de un malestar que como síntoma reclama atención.
Desde las mismas publicidades el hecho de estar “constipados” pareciera ser una especie de hecho vergonzoso, bizarro y llevado al humor. Sin embargo, y como bien sostienen los profesionales, “el intestino es el segundo cerebro”, y se ve atravesado por multiplicidad de factores que hacen que los síntomas (como la constipación) no sean algo menor. Y es que, desde el estrés, la mala alimentación, hasta trastornos como el síndrome de colon irritable pueden ser parte de algunas causas (y otras más importantes) que hagan que tu tránsito intestinal se vea comprometido.
En ese sentido, el médico gastroenterólogo Guillermo Camus contó que “hay que prestar especial atención a la constipación crónica (cuando se lleva más de un mes con problemas evacuatorios) que dividimos en dos partes: la constipación primaria en donde no se encuentra la causa, como si se tratara de intestinos lerdos o perezosos de fábrica, que se vincula con el nivel de motilidad o movilidad del intestino. Por otro lado, está la constipación secundaria que es lo primero que se hace en la consulta que tiene que ver con estudiar en el paciente, las causas más comunes que puedan tener que ver.
– ¿Qué estudios se hacen para la constipación secundaria?
Análisis de rutina habitual como el chequeo de sangre en donde nos fijamos en cómo está su tiroides, la parte metabólica, electrolitos, calcio, sodio, potasio, para descartar varias cosas.
– ¿Existe una frecuencia ideal?
Eso depende de cada organismo. Si hablamos de frecuencia a la hora de definir constipación hablamos de menos de tres evacuaciones semanales. Como especialistas no sólo preguntamos acerca de la frecuencia, sino acerca de la consistencia (si es o no dura, con o sin esfuerzo, sensación de constipación incompleta) etc.
– ¿Está mal limitar el estímulo, si no estoy en mi casa y decido no ir a ningún otro baño?
-Si se tiene un estímulo de frecuencia lo ideal no es limitarlo y tratar de ir al baño más cercano.
– ¿Por qué se dice que el intestino es el segundo cerebro?
Porque lo emocional o el estrés tiene incidencia directa en él, ya sea que se genere constipación o materia fecal tipo diarrea. El impacto del estrés en el intestino es de un grado de incidencia grande.
Cinco datos que no sabías sobre tu intestino
1-El 80% del sistema inmunitario se aloja en el intestino. Este largo tubo mantiene una línea de comunicación directa con el cerebro; que se renueva todo cada dos semanas, y que tiene un impacto muy significativo en el estado de ánimo y en la salud en general.
2-Ante la pregunta del cerebro: ¿cómo está todo mi cuerpo?, el intestino es su principal fuente, ya que se trata del órgano sensorial más grande que recoge información sobre la calidad de los nutrientes, sobre cómo están las células inmunes, o las hormonas de la sangre, y luego envía toda esa información al cerebro para que la vincule con nuestras emociones y pensamientos.
3-Puede decirse que el intestino, entre el delgado y el grueso, alcanza una longitud de ocho metros aproximadamente, y aunque esté todo enrollado alcanza el tamaño de una cancha de tenis. Si se lo pudiera ver con una lupa, se observaría que se parece a una toalla de algodón, y esos pelitos del algodón en el intestino se llaman microvellosidades. Allí se aloja la microbiota.
4-La microbiota intestinal (antes conocida como flora intestinal) está compuesta por cientos de millones de microorganismos y bacterias que se encuentran en el tracto intestinal, y allí conviven dos bandos. Por un lado, los “soldados” del bando de los buenos y, por el otro el bando de los malos, que viven disputándose ese territorio: cada uno busca ocupar más espacio en el intestino.
5-Para que el intestino pueda funcionar correctamente, la microbiota debe estar en equilibrio, los microorganismos del bando de los buenos deben ser abundante y diversos. Pero lamentablemente en la vida cotidiana existen muchos hábitos que rompen ese equilibrio: mala alimentación, abuso del uso de antibióticos y de productos antisépticos, y estrés, entre otros. Para que pueda restablecerse esa armonía es necesario incorporar más “soldados” de los buenos, ellos son los probióticos, que están presenten en yogures y algunos quesos. Pero también hay que incorporar fibras, a través de las frutas, verduras, cereales integrales, etc., porque las bacterias buenas (presentes en los probióticos) se alimentan de ellas y en ese proceso de digestión producen vitaminas, y ácidos grasos de cadena corta, como el ácido butírico.
El médico gastroenterólogo Guillermo Camus dialogó con el equipo de Cada día. Mirá la nota.