Con el pasar del tiempo, vamos sumando nuevos aprendizajes que parecerían dejar de lado lo ya aprehendido. ¿Es así cómo funciona nuestro cerebro? Enterate de todo en esta nota.
El denominado “efecto Homero”, más allá de lo anecdótico del dibujo desnuda una realidad desconocida por muchos: cada vez que sumamos nuevos conocimientos los antiguos, pasan a segundo plano.
De acuerdo a la neuropsicóloga Cecilia Ortiz “cuando aprendemos información nueva que está relacionada con algunos recuerdos ya aprendidos, esos recuerdos que aprendí, se olvidan, y lo que empiezo a recordar es la información nueva.
El cerebro no tiene la capacidad como una caja infinita de guardar toda la información a lo largo de la vida. Guarda aquello que le sirve y va a utilizar. Si lo que necesito está relacionado con lo antiguo, para qué guardar dos aspectos similares”.
Un ejemplo simple es la corbata. Imaginemos que un hombre sabe hacerse el nudo de la corbata de una forma concreta, toda tu vida lo lleva haciendolo así, pero un día alguien le enseña a hacerlo de otra forma más sencilla y que da como resultado un nudo más perfecto y elegante. Una vez que aprenda cómo hacer el nudo de esa segunda forma, comenzará a anudar su corbata utilizando esa técnica que, con el tiempo, realizará casi sin pensar. Conforme pase el tiempo, poco a poco irá olvidando de qué manera anudaba antes su corbata, ya no necesitará saberlo, así que su cerebro tenderá a borrar con el tiempo ese conocimiento que ha quedado obsoleto.
– ¿Hay información que el cerebro no descarta para poder seguir aprendiendo?
– Por supuesto. Pensemos por ejemplo en el aprendizaje de las tablas de multiplicar que nos sirven para toda la vida y nos permite aprehender aspectos nuevos y necesarios. El cerebro registra que va a necesitar ese conocimiento para seguir aprendiendo.
Sin embargo, si la información nueva se superpone con la antigua información, se olvida lo anterior que no necesita y conserva más la nueva data.
– ¿Cómo se emparenta todo esto con la memoria?
Este efecto explicado nada tiene que ver con el circuito de la memoria. En este caso no hay alteración de la memoria por discernir qué se conserva, y que se descarta. Se vincula con el área del cerebro que tiene que ver con el juicio y la inhibición, es decir el área frontal del cerebro. Es un juicio crítico que hace el cerebro en cuanto a economía y practicidad.
El cerebro toma lo que necesita en ese momento, sumando algo nuevo y corriendo de sitio aquello que no tiene practicidad ni necesita en cuanto al conocimiento.
La profesional estuvo con el equipo de Cada Día. Mirá la nota