“Amoldarte al otro/a”: ¡No caigas en la trampa!

“Amoldarte al otro/a”: ¡No caigas en la trampa!

La “sobreadaptación” desde lo psicológico implica una forma de ser en la vida, en la que la persona sólo piensa en el bienestar y felicidad del otro sujeto, objeto de su afecto. Un desborde emocional, con carencias y falta de autoestima que sólo desnuda la vulnerabilidad de quien lo padece.

 Puede tratarse de una pareja, un amigo, y hasta alguien de la propia familia. La sobreadaptación implica un mecanismo de defensa que supone, como la palabra lo indica, un exceso en la adaptación del sujeto al entorno y las circunstancias.

La flexibilidad o la capacidad de variación en las respuestas del sujeto según lo demande el ambiente, son características consideradas saludables desde el punto de vista psicológico, pero siempre que no se transformen en un patrón excesivo, que impida al sujeto irrumpir, o generar resistencia ante alguna situación o demanda externa.

El carácter fundamental de la sobre adaptación es el «No Molestar» y un esfuerzo excesivo por agradar a otros o cumplir con las expectativas ajenas. El niño/a o adulto/a, se caracteriza, en palabras de personas de su entorno, por ser bueno, responsable, y nunca tener un problema con nada.

En otras palabras, cuando el sujeto va creciendo, presenta dificultades para conformar su identidad y poder seguir su deseo, porque su recorrido lo ha llevado a cumplir constantemente y en primer lugar las expectativas del entorno.

La base sobreadaptada de la personalidad puede dificultar los procesos de desarrollo porque el sujeto está muy enfocado en responder al entorno antes que en conectarse con cambios y procesos internos. En estos casos, el sujeto tiende a ser muy autoexigente, siendo esta una predisposición al estrés y a toda la sintomatología asociada.

La sobreadaptación, lamentablemente, corre el riesgo de no ser detectada, ni evaluada, porque «no llama la atención». Corresponde a personas que se desarrollan sin dificultades en los ambientes en los cuales se mueven: son productivos, responsables y obedientes y por esta razón no se detecta como un problema.

Un síndrome, con mucho por detrás

Como bien indica la neuropsicóloga Cecilia Ortiz “Se trata de personas nunca se quejan, siempre están y nunca le expresan a otro un problema. En realidad, lo que esconde todo esto es un temor terrible al rechazo. Por ello ante la posibilidad de ser aceptado siempre por otro, lo que hago es amoldarme, adaptarme y desoírme. Por ello nos encontramos con personas que no dicen lo que piensan, o que no dicen lo que sienten o priorizan lo que la otra persona quiere, en función de adaptarme o ser aceptado por el otro”.

– ¿Qué tipo de factura le pasa el cuerpo o lo emocional?

La factura siempre es a partir de lo emocional, pero es emocional cuando encuentro el rechazo del otro. En tanto yo no encuentro el rechazo del otro está todo bien. El síndrome de sobreadaptación se empieza a gestar desde niños. Se trata de los pequeños que siempre se portan bien, escuchás a las mamás que sostienen que nunca hacen ni un berrinche. Uno como profesional piensa ‘lo esperable en un niño es que exploren’, y en esa exploración el niño puede ‘revelarse’, o ser ‘contestatario’ en algo, de lo contrario no es saludable”.

– ¿A qué responde la sobreadaptación?

Por un lado, a padres súper exigentes, a un contexto familiar en donde no se acepta el disenso. Es como penalizar lo que se siente, entonces empiezo a aprehender esto de amoldarme.

Culpa, falta de autoestima y valor propio deambulan en un mar interior que deja a la persona sin escucharse, diciéndose a sí misma una forma de ser, actuar y permanecer en la vida que no es la real, y haciéndose cargo de complacer y ser la responsable de la felicidad de la otra persona.

Mirá la entrevista que el equipo de Cada Día realizó a la neuropsicóloga Cecilia Ortiz.

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