Lejos de lo que pueda pensarse, los mismos tienen que ver con una mirada profunda sobre qué deseamos lograr, o quién deseamos ser. La opinión profesional sobre el tema.
Poder modificar aquello que deseamos de manera profunda, para sentirnos, estar o ser mejores en esta vida, nos interpela a conocernos, a ser pacientes y “disfrutar del viaje” más que sólo “ser felices” si logramos la meta.
Si vamos a la noción básica un hábito es el resultado de una acción que repetimos frecuentemente de forma automática. Si nos fijamos, en nuestro día a día repetimos muchos hábitos, como quitarnos los zapatos al entrar a casa, apagar las luces antes de salir, cepillarnos los dientes, entre muchos otros.
Según la University College de Londres, el tiempo promedio para adaptarse a un nuevo hábito ronda los 66 días, pero hay gente que puede conseguirlo en apenas 18 y otros que precisarán 254 días. Como recoge Science Alert, “desarrollar un nuevo comportamiento tomaría al menos dos meses.
Sin embargo, y ante todo como bien explica la licenciada en psicología Noelia Centeno “con pequeños cambios y de a poco se pueden generar cambios extraordinarios. Con base en el libro ´hábitos atómicos’ que así lo expresa, en un hábito la repetición y la frecuencia genera la necesidad. Las personas suelen pensar al revés, es decir, piensan que cuando necesiten hacerlo lo llevarán a cabo de manera automática. Esto no es así porque hay que entender que un hábito se construye”.
– ¿Desde qué lugar se parte?
Se parte desde el deseo. Se sostiene que existe una frecuencia cerebral que, pasados los 28 días, si es un hábito pequeño de repetición de todos los días, lo incorporaste. Sin embargo, cualquier conducta que repitas durante un tiempo dos o tres veces es probable que la necesitemos. El secreto es que algo tiene que darte la señal.
– ¿Hay voluntad en los hábitos?
No, la voluntad es enemiga de los hábitos ya que tiene que ver con las ganas. Lo importante es entender que, para poder continuar sembrando el hábito, tiene que haber una recompensa y para que esto ser dé, tiene que existir un cambio de identidad. Por ejemplo, no se trata de decir “me gusta o no ir al gimnasio”, sino sentarse a plantear “quien quiero ser a partir de ir al gimnasio”. Es pensar en el puente para llegar a ese objetivo, es decir cómo nos visualizamos: con salud, fuertes con un sentido integral, mejorar el aspecto será una consecuencia. Se trata no de pensar en el resultado, sino en qué sistemas de creencias pequeños tenemos que modificar de nosotros mismos. Si no vemos esto puede pasar de que si no encontramos recompensa en la modificación del hábito, es posible que lo terminemos por abandonar.
– ¿Cómo eliminamos un hábito negativo?
Sacando la señal que lo estimula. Si siempre después de comer, fumás un cigarrillo y no querés fumar más, lo que tenés que hacer es no tener cigarrillos en tu casa. Es más fácil evitar un estímulo, que resistirlo si se lo tiene presente.