La palabra se puso de moda desde hace un tiempo y alude nada más y nada menos que a dilatar siempre, lo que debe hacerse en la vida diaria. ¿Cuándo algo ocasional puede transformarse en un problema crónico, y generar serios problemas en la vida de la persona? Lo que tenés que saber.
Aplazar tareas, trabajos, y hasta momentos de ocio de manera recurrente, es en la jerga psicológica “procrastinar”. Pero no es algo de ahora, de hecho, es un vocablo del idioma español con mucho arraigo. Proviene del latín “procrastinare” y significa dejar para otro día las cosas que hay que hacer en el presente. Y no se trata simplemente de hacerlo a veces.
En los últimos tiempos, la procrastinación se ha convertido en un fenómeno de masas. Todos, en algún momento, posponen alguna tarea importante por pereza o porque no es de las más agradables. Ya sea terminar un informe de trabajo, hacer la tarea de matemáticas con los chicos, limpiar la alacena, o bajar la ropa de verano del placar. Sin embargo, cuando la costumbre se “hace carne”, comienza un problema realmente grave.
Así lo explica la psicóloga Noelia Centeno “la persona tiende a aplazar la acción que definiría algo. Por ejemplo, te sentás a estudiar y buscás estímulos distractores: Instagram, Facebook, tik tok, etc., entonces lo que debés hacer lo terminas haciendo a las apuradas o lo peor, no lo presentás o no rendís porque no llegas.
– ¿Tiene que ver con una mala la gestión del tiempo?
Tiende a confundirse, pero no es lo mismo. En realidad, tiene que ver con una mala gestión emocional en donde lo importante es entender qué es lo que procrastino, aplazo o dejo de hacer. En general son cosas que me generan ansiedad o que me perturba hacer porque tengo que sentarme y es algo que tengo que resolver…
– ¿Por qué no puedo resolver?
Hay que tener en cuenta que una cosa es dilatar una sola cosa, pero cuando son varias todo el tiempo, es algo que se emparenta con una actitud. Es como si me generara ansiedad hacer cosas que me alivianan. De ahí que me distraigo y no hago foco, y comienza a ser una actitud de vida. Con ese “después” empiezo a estresarme porque se me viene todo encima.
– ¿Cuál es la raíz de que esto sea algo más emocional?
Porque indefectiblemente aparece la culpa. En realidad, lo que empiezo a crear son emociones súper displacenteras: me siento culpable, que al final no logro nada, que estoy desorganizada, que mi vida es un caos, que todo está mal, que de qué forma voy a ordenar todo si son mil cosas que nunca empecé. De esta manera la persona en cuestión sólo ve caos y comienza a generar grandes niveles de ansiedad. Entonces al sentir tanto displacer comienzo a buscar muchos más distractores…tengo tanto por hacer que al no saber por dónde comenzar me distraigo con el celular por ejemplo que me ayuda a evadirme por ejemplo…
– ¿Cómo se sale de ese círculo vicioso?
Sacar los distractores (por ejemplo, las redes, la tele etc.) cuando tengo que hacer algo importante; ponerme fechas límites para la entrega de una tarea o trabajo; no poner más cosas en agenda de las que podemos hacer porque el día tiene 24 horas.
El postergar lo importante puede resultar un gravísimo problema. La actitud de vida de aplazar cosas todo el tiempo sobre lo importante lleva a una enorme frustración y culpa. Esto se transforma en un cúmulo en el tiempo de no hacer cosas prioritarias, que va en detrimento de la persona en cuestión.
Hay que pedir ayuda y comenzar por las cosas grandes que aplazamos. La mente cuando percibe que avancé en lo difícil, se relaja y aquello que es fácil lo hace más rápido teniendo la percepción del hacer, bajando ansiedad y angustia.
La profesional estuvo en Cada Día, mirá la nota