Impermanencia: Ni antes, ni después… ¡Aquí y ahora!

Impermanencia: Ni antes, ni después… ¡Aquí y ahora!

Ni frases de café, ni medias verdades subjetivas. La impermanencia nos ancla y desafía en algo tan profundo como cierto: la certidumbre y belleza de vivir el momento presente.

Lo leemos, escuchamos y hasta lo repetimos como una frase hecha. ¿Pero entendemos realmente lo que implica “la impermanencia”, como concepto profundo? ¿Somos capaces de internalizarla como seres finitos, y vulnerables que somos? Lejos de hacerla consciente con un sentido tremendista, pensar en ella nos desafía degustar el presente en un sentido profundo, desde cada hecho, persona o circunstancia.

Como explica en sus redes la neuropsicóloga Cecilia Ortiz “cuando negamos la impermanencia de las cosas, vivimos aferrados al pasado y procuramos cambiar lo que está sucediendo. Es el camino directo al sufrimiento. La impermanencia nos enseña que lo único que tenemos para saborear es este instante, este segundo que empezó en 1 y terminó en 60…Está en el café que acaba de atravesar tu garganta, en la contracción de tus músculos, en el paso de aire a través de tus fosas nasales. Y ahí, ahí nomás se diluye.

La impermanencia nos enseña a valorar lo que está aquí y ahora. No lo que ya fue (porque así vivimos en el pasado) ni lo que será (porque no sabremos si será o no). Lo único que tenemos por cierto es este instante”.

Orígenes y esencia

– ¿De dónde proviene el concepto?

“Es uno de los grandes preceptos de la filosofía budista”, cuenta la neuropsicóloga Cecilia Ortiz. Tiene que ver con que todo fluye, todo circula y cambia, y en algún punto no podemos hacer nada para detenerlo”.

– ¿La tenemos presente los seres humanos?

Por lo general no, pero hasta la naturaleza nos muestra su estadío de final y comienza con sus estaciones. A nuestra cultura occidental le cuesta entender que aquello que me hace bien, me gusta y complace, mañana no va a estar y nos aferramos al para siempre.

– ¿Tiene que ver con intentar tener el control, cuando somos conscientes en el fondo que no lo tenemos sobre nada?

En algún punto nuestro cerebro busca parámetros de seguridad, por lo que en algún punto esto que hoy me hace bien, sea siempre. Esto porque buscamos estar siempre bien, y nos cuestan los cambios…

– ¿Eso es lo que más nos cuesta?

El problema es cuando queremos hacer permanente las cosas, que en realidad son impermanentes. El problema está en cómo enfocamos las cosas.

– ¿Cómo vivir el aquí y ahora de una manera sana entonces?

Lo que nos ancla en el presente es algún estímulo neutro. El primero y fundamental es nuestro cuerpo, y dentro del mismo la respiración. Algo tan simple como ser consciente de cómo fluye mi respiración, eso me trae al presente. Contactarme con lo que hago, siento, huelo…Parar la cabeza para no dejar de lado lo importante: el presente con su belleza cotidiana, grande o pequeña. Es una forma de abrir la conciencia. Una cosa es planificar (lo que implica vivir en este mundo) y otra cosa es vivir en esa planificación en base a qué puede pasar en el futuro, cuando nadie lo sabe. La única certidumbre es el presente.

Mirá la entrevista que el equipo de Cada Día le hizo a la profesional.

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