En muchos hogares, las mascotas son mucho más que compañía: son parte de la rutina, del afecto y de los momentos que sostienen emocionalmente. El vínculo con animales puede ayudar a atravesar crisis y cada vez más especialistas lo consideran una herramienta valiosa para cuidar la salud mental.
La convivencia con animales de compañía no solo mejora el ánimo: también puede ser una herramienta concreta para prevenir trastornos mentales como la ansiedad, la depresión o el aislamiento social. En Argentina y América Latina, cada vez más especialistas en salud mental reconocen el impacto positivo que tienen los vínculos con mascotas en la vida cotidiana, especialmente en contextos de vulnerabilidad emocional.
Según un estudio de la Universidad Johns Hopkins, el 75% de los dueños de mascotas afirma tener mejor salud mental gracias a la convivencia con sus animales. Además, el 60% de las personas con diagnóstico de ansiedad o depresión considera que su mascota es el principal apoyo emocional en momentos difíciles. “Los animales generan rutinas, compañía y una forma de afecto que no juzga. Eso, en salud mental, vale oro”, explica el médico clínico Daniel Flórez, especialista en vínculos humano-animal.
Durante la pandemia, este vínculo se volvió aún más evidente. En hogares donde había mascotas, se registraron menores niveles de estrés y mayor capacidad de adaptación a la incertidumbre. “El simple hecho de tener que cuidar a otro ser vivo, salir a pasear o jugar unos minutos, cambia el foco y activa recursos internos que ayudan a regular las emociones”, señala la psicóloga Iratxe López Fuentes, autora de investigaciones sobre bienestar y animales de compañía.
Los beneficios no se limitan a adultos. En niños, convivir con mascotas mejora la autoestima, la empatía y las habilidades sociales. En adultos mayores, ayuda a reducir la soledad y fomenta la actividad física. Un estudio realizado en Australia con adultos mayores en residencias mostró que la interacción semanal con animales vivos o robóticos mejoró el estado de ánimo y la participación social de los participantes.
En Argentina, organizaciones como la Fundación Affinity promueven el uso terapéutico de animales en espacios educativos, comunitarios y de salud. “No se trata de reemplazar tratamientos, sino de sumar herramientas que conecten emocionalmente con las personas”, explican desde la entidad. En algunos hospitales y centros de día, ya se implementan programas de visitas con perros entrenados para acompañar pacientes con cuadros depresivos o trastornos de ansiedad.
A nivel cotidiano, los beneficios también se ven en pequeñas acciones: pasear con el perro, acariciar al gato, prepararles la comida. Estos gestos activan la oxitocina, conocida como la hormona del bienestar, y reducen el cortisol, vinculado al estrés. “No es magia, es biología emocional. El cuerpo responde al vínculo con el animal”, afirma López Fuentes.