Si bien los temores pueden ser diversos, cuando nos invalidan son tan angustiantes que, si no conseguimos ver el origen del problema, caemos en una trampa sin fin. Pautas profesionales para desanudar lo que nos paraliza.
“¡Paren el mundo, me quiero bajar” Una frase popular que nos vincula con lo más primario que nos pertenece a los seres humanos: el miedo! Ese “motor” para muchos que no deja de ser una piedra en el camino para otros, cuando ese fantasma, del miedo (a la inseguridad, al virus, a la pérdida, al desamor, a la soledad entre muchísimos más) aparece y nos invalida para la acción.
La sensación de miedo u otra emoción invalidante para el sujeto es un síntoma real que se traslada desde los pensamientos a la palabra. Quienes experimentan esta sensación suelen identificar cierta inseguridad, nerviosismo, inhibición y poca claridad en lo que se quiere transmitir.
Según explica la psicóloga María Inés Capmany, “el miedo es una respuesta natural, una emoción primaria que todos sentimos cuando vemos en riesgo nuestra existencia. Por ejemplo, si temblara, a todos nos agarraría miedo, más allá del comportamiento que cada uno pueda tener. Por lo tanto, podemos decir que es una emoción innata al ser humano. El problema aparece cuando hay miedos que se transforman como irracionales, o que creemos que son irreales. Muchas veces las creencias sociales hacen que el miedo tenga mala fama, y nos llenan de frases del tipo: “no tenés que tener miedo, al miedo hay que afrontarlo” … “Si tenés miedo sos un cobarde…”. Esto hace que cuando tenemos miedo a una situación que tenemos que enfrentar y no podemos, pensemos que está mal dándole una connotación muy negativa que termina por generar mucho más miedo, y eso hace que nos paralicemos”.
– ¿Qué sucede cuando es por algo externo que no depende de nosotros como por ejemplo la inseguridad?
Cuando el miedo es externo, y no me pertenece, está bueno poder reconocerlo. Si el miedo es una alerta interna que se enciende frente a situaciones externas, es importante analizarlo para poder ver qué recursos internos tengo para afrontar ese ‘peligro’ o ‘amenza’, y qué puedo hacer para salir lo más segura posible. A los miedos no tenemos que evitarlos sino ver de qué manera podemos enfrentarlo, con todos los recursos internos y externos que podamos tener para que no nos paralice.
– ¿Y cuando no puedo salir del miedo que me paraliza y aparecen otras patologías?
Lo primero es entender que el miedo es angustia, y la angustia se vincula con sentir que hay miedo a lo desconocido. Cuando uno le puede poner objeto a esa angustia se transforma en miedo. La angustia de hecho es miedo sin objeto, es decir miedo a todo y a nada. Por ello hay que ponerlo en palabras preguntándome ‘¿a qué le tengo miedo’? Una vez que identifico el miedo, desde ahí lo enfrento. Tener conductas evitativas lo único que va a hacer es que bordee al miedo y me termine por asaltar más aún. Luego debo trabajarlo…miedo a qué tengo, qué me produce, cuándo aparece, frente a qué situaciones, cómo reacciono yo. El último tip, es convertir el miedo en una acción, transformarlo en un cambio. Un motor que me permita buscar estrategias de salida y de enfrentamiento a ese miedo. Tengo una frase muy importante que es ‘nada ha cambiado excepto mi actitud, por lo tanto, todo ha cambiado’, y es desde ese lugar en donde tenemos que buscar la respuesta.
Pautas para encauzar el temor
Aunque no podemos (ni debemos) eliminar el miedo de nuestra vida, sí podemos aprender a convivir con el miedo, a manejarlo y a evitar que bloquee nuestra vida o nos paralice. Existen diferentes estrategias para superar el miedo, veamos las principales:
-Cuando se trata de un temor irracional, el primer paso consiste en comprender que tu reacción es completamente desproporcionada y que no existe una base lógica para ese miedo, en este sentido, la terapia cognitivo-conductual es muy útil. También es importante que, en vez de luchar contra el miedo, aprendas a aceptarlo. Tus temores son una reacción ante algo que crees amenazante y es normal que te sientas asustado, mientras más intentes combatir este sentimiento, más fuerte será. Superar el miedo implica conocer exactamente qué te causa temor y ser consciente de tus reacciones emocionales y fisiológicas. Una herramienta muy útil en este sentido es el mindfulness.
-El siguiente paso consiste en no dejar que el miedo te paralice, enfrentarte a él. Hay un antiguo proverbio que dice ” El miedo llamó a mi puerta y cuando abrí ya no había nadie. “Sigue adelante a pesar del miedo, mira al futuro y busca nuevas estrategias o alternativas diferentes que te permitan alcanzar el objetivo que te has propuesto. Desarrollá la confianza en tus capacidades y date cuenta de que el peor escenario posible, a menudo no es tan espantoso como lo imaginas.
-Cuando el miedo es demasiado grande o se convierte en una fobia, es necesario pedir ayuda psicológica especializada.
La psicóloga María Inés Capmany dialogó con Cada Día. Mirá la nota