Padres y madres helicópteros: enemigos en casa

Padres y madres helicópteros: enemigos en casa

El cuidado amoroso de los hijos forma parte de la vida familiar en todo concepto. Sin embargo, los chicos crecen y necesitan tomar autonomía, para no generar con el tiempo, problemas que distorsionen su sano desarrollo.

La idea de “crianza helicóptero” describe un estilo de educar a los hijos en el que los padres y madres tienen un comportamiento sobreprotector y demasiado controlador con los niños. El problema es que ese estilo de educación puede afectar al desarrollo emocional de los chicos, que, como seres en crecimiento, dejarán de ser pequeños para convertirse en adolescentes, jóvenes y adultos, que deberán contar con las herramientas para no ser dependientes, inseguros, ni con un poco valoración por sí mismos.

Amor que asfixia

La mayoría de los padres helicóptero comienzan con un deseo bien intencionado: que sus hijos tengan una infancia plena y segura, en la que no tengan que enfrentarse a problemas, errores o sufrimiento alguno. ¿Quién no quiere eso para sus hijos? El problema es cuando una protección sana se convierte en una sobreprotección peligrosa.

Los límites y el cuidado son necesarios en cualquier tipo de crianza. Guiar a los niños, indicándoles qué es correcto y qué no, e incluso ayudarlos a tomar buenas decisiones o rescatarlos cuando han cometido un error son acciones positivas que fortalecen la autoestima, confianza y seguridad en los niños.

Sin embargo, estas acciones se vuelven poco sanas cuando se les roba a los niños la autonomía de sus actos y pensamientos.

Básicamente son el tipo de padres que no pueden parar de “sobrevolar” a sus hijos. Prácticamente los envuelven en plástico de burbujas y acaban creando una generación de niños incapaces de manejar sus trabajos y sus vidas.

La psicopedagoga Mónica Coronado explicó en este sentido: “lo vemos en la Universidad. Chicos y chicas que van a hacer los trámites con el papá o la mamá. Son padres ‘omnipresentes’ están siempre en el medio. Son padres y madres que más que sobreprotectores están pegados al mundo y amistades de sus hijos/as, sobrevolando la vida de sus hijos, sin permitirle autonomía. Se trata de una modalidad de crianza con un apego excesivo”.

El apego ¿Un enemigo?

El apego bien entendido puede ser sano, enriquecedor y definitivamente valioso. Sin embargo, hay que comprender su esencia para no confundirlo y mutarlo, a su opuesto. Según explicó Mónica Coronado “es un vínculo que se establece entre los niños, niñas y adolescentes con sus padres y madres. Se trata de un vínculo amoroso, de protección y cuidado. Como toda relación y lazo con alguien que está en desarrollo, creciendo y madurando, se va modificando con el tiempo.

– ¿Cómo sería en este sentido un apego saludable con los hijos?

Es aquel que ayuda a ese proceso progresivo de independencia y autonomía que tienen que tener los hijos. Esto se logra a través de la confianza en que ese niño con todas las herramientas que ha recibido a partir del amor y educación de la crianza, va a poder resolver los problemas que se la vayan presentando a lo largo de la vida.

El apego genera amor, ante todo, es decir una dependencia que no es sofocante o limitante. Se trata de un vínculo que invita y promueve el desarrollo de la hija o el hijo.

– ¿Cuándo puede aparecer un problema y por qué?

El exceso de apego o la dificultad de cambiar la modalidad del mismo, en el sentido de entender el desarrollo de esa persona con la cual se tiene un vínculo amoroso, puede ser uno de los problemas que se presenten, entonces se vuelve poco saludable. Así el exceso de cuidado, atención y supervisión de los hijos que van adquiriendo sus propias capacidades, puede mutar hacia algo complejo y limitante para ellos.

La relación de amor para con los hijos es hermosa, pero también debe haber espacio para la autonomía progresiva mientras les damos herramientas para la vida. Así esos chicos o chicas podrán ir de a poco asumiendo las funciones de cuidado que llevan a cabo los padres o madres. Un ejemplo pequeño es el bañarse solos, adquirir hábitos de higiene etc.

– ¿Qué debe asumir una mamá o papá acerca del cuidado de los hijos en el tiempo?

El amor de los padres se mantiene en el tiempo, pero va cambiando la naturaleza del cuidado. Desde que son pequeños y dependen de nosotros para todo, hasta el crecimiento y la autonomía como seres adultos.

Hay que entender que el vínculo con los padres y madres siempre estará presente desde el amor, y ese amor nos vuelve dependientes en el sentido de estar pendientes unos de otros. Que no implica estar “colgados” unos de otros.

-Si hemos tenido un hogar de crianza muy cercano y amoroso, pero sumamente protector ¿Puede generar que nos cueste más establecer vínculos extra familiares luego?

Totalmente, y es por ello que debe apostarse a revertir el círculo de dependencia

– ¿Cómo?

Implica volver la mirada hacia el mundo, hacia otros lazos y relaciones. Y por parte de madres y padres tener una vida propia, un lazo amoroso de amistad con otras personas. Cuando se deposita demasiado peso en el vínculo familiar, en detrimento de otras relaciones como la amistad, o el compartir un espacio para aprender una nueva habilidad, nos asfixiamos y lo hacemos también con quien tenemos al lado. Oxigenar las relaciones, teniendo gustos, amistades y una vida propia ayuda a oxigenar las relaciones de la vida familiar, y potencia los vínculos sanos entre padres e hijos. Siempre las relaciones tan estrechas y exclusivas se vuelven sofocantes

El resultado de ese tipo de crianza serán niños muy inseguros, tímidos, y dependientes, a quienes les costará tomar decisiones y confianza en sus habilidades para saber que van a poder, y que no siempre van a tener a un adulto cuidando de ellos.

Si querés saber más sobre el tema, mirá la nota que la profesional realizó en Cada Día

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