En esta nota te explicamos cómo decir que no sin miedo y haciendo valer tus deseos. Nadie tiene que enojarse por esto.
(Por Eva Rodríguez)
Primero que nada definamos en palabras sencillas este rasgo tan necesario para vivir una vida en eje con uno mismo. La Asertividad es la “capacidad que tienen los seres humanos de mantener relaciones de igualdad al tiempo que defienden sus propios intereses y deseos, entendiendo que son tan importantes como los de los demás. Saber decir que NO cuando no queremos algo, saber pedir cuando necesitamos algo y saber negociar con otros para llegar a puntos intermedios”.
Pero además de esta definición, la Asertividad implica otros pequeños-grandes detalles:
- Implica la capacidad de decidir lo que yo quiero en libertad, sin invadir la libertad de la otra persona.
- Implica respeto hacia los demás.
- Pero por sobre todo implica mucho respeto hacia NOSOTROS MISMOS. Ese poder decir que “no” implica validarme, escucharme y darme permiso para “no poder o no querer”. Y todo esto, sin sentir culpa.
- Asertividad es aprender a decir que no, pero es mucho más que eso. Es todo el trabajo interno que implica decir que no: es la elaboración de la autoestima, la seguridad interna, la autopercepción, saber qué quiero, poder comunicarme empáticamente y percibir al otro para tomar esa decisión.
¿Porqué nos cuesta decir que NO?
Aunque cada persona es única y sería apropiado analizar cada caso en particular, podríamos definir algunas causas universales a este síndrome de la “des-asertividad”. Esta tendencia interna que nos hace decir ¡SI! cuando en realidad lo que queremos es decir: ¡NO!
1. Porque es difícil manejar la tensión interpersonal. Ese pequeño tire y afloje o tirantez que es tan necesario para poner mis opiniones a la altura de las de las demás personas. Ese momento donde “no estás haciendo por completo feliz al otro”, porque justamente estás diciendo que no y esto activa todo tipo de fantasías mentales donde voy a perder algo importante porque dije que no.
2. Porque buscamos huir de los conflictos. Como partimos de la suposición de que decir que no va a generar malestar entonces ya estamos automáticamente buscando la forma de evitar la el conflicto y comenzamos a ceder. Estamos en definitiva evitando el miedo a molestar a los demás, el miedo a ser abandonados, al rechazo, al aislamiento.
3. Porque tenemos débil la autoestima. Para aquellas personas que tienen arraigada la idea de que “yo por mi misma no valgo lo suficiente”, entonces no quedarán muchas salidas más que dar y dar, hacer cosas aunque no quiera y buscar agradar a los demás. La lógica es la siguiente: “si yo no valgo por lo que soy, que me quieran por lo que doy”.
4. Porque queremos complacer a todo el mundo. Queremos que nos quieran, queremos ser aceptados e integrados a un grupo o relación social. Sin embargo, omitir tus propias necesidades, omitirte a vos mismo, tus gustos y deseos puede lograr que por un ratito alguien te mire, pero va a alejarte muchísimo de vos mismo. Y en definitiva de relaciones auténticas y duraderas. Porque lo que sostiene a las relaciones a través del tiempo es la sinceridad y transparencia.
Consejos finales para volvernos más ASERTIVOS
La idea de que si digo que NO a algo voy a ocasionarle un daño al otro es un MITO. No asumir cosas que NO QUERÉS en realidad no daña al otro, al contrario. Acorta los caminos para que todo fluya con más naturalidad en la vida. En verdad, estás ayudando al que tenés en frente.
Porque aclaras el panorama de donde es que realmente estás parado, qué es lo que realmente querés, cuáles son tus límites y cómo estás dispuesto a seguir. Cuando aclarás tus límites, el otro automáticamente sabe qué esperar y que no, se acomoda.
Darte permiso para decir que NO. ¿Es tu OBLIGACIÓN decir que si? ¿Qué es lo peor que puede pasar si decís que no? ¿A dónde vas a llegar si entras en el bucle de continuar diciendo que si a cosas que en verdad no querés? Estas son algunas de las preguntas que te invito a que te hagas cada vez que hayas dicho un sí donde en verdad iba un no. Y recordá que aunque hayas dicho que sí, tenés la libertad de volver tus pasos hacia atrás y decir que no.
Tomate tiempo antes de contestar. Es posible que por hábito caigas naturalmente en el si. En ese caso incorpora la ventana del tiempo. “Luego te confirmo, dame un ratito y te aviso. Mañana te tengo la respuesta”. En esa ventana de tiempo ganas calma emocional como para poder pensar y reflexionar sobre las preguntas del punto anterior.
Desdramaticemos. El NO es sencillamente NO. No significa que te van a dejar de lado, que nadie te va a querer, que te vas a quedar sola toda la vida o que vas a perder un lugar de preferencia que tenías. No es no y punto, nada más que eso. “No va a ser posible, no voy a llegar, no tengo fuerzas, no tengo ganas” o cualquier verdad que sea la tuya.
Lo más importante para el último: decí la verdad. Porque tu verdad es irrefutable. No es necesario que te justifiques, que inventes nada. Es la verdad. “No elijo esto. No puedo”. O lo que sea que te pase. Nadie puede o debería juzgarte por tu verdad. Porque tu vida es tuya y tus NO también.