Este trastorno afecta a muchísimas personas en todo el mundo, haciéndoles sentir como fraudes, sus propios logros. ¿Qué es realmente y cómo podemos superarlo?
En un mundo donde el éxito se mide en logros tangibles y reconocimientos públicos, el síndrome del impostor emerge como una sombra persistente en la mente de muchos. Este fenómeno psicológico, descubierto por primera vez en la década de 1970 por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes, describe la sensación de que los logros de una persona son el resultado del azar o de un error, en lugar de su propia habilidad y esfuerzo genuino.
Quienes sufren del síndrome del impostor suelen experimentar una constante preocupación de ser descubiertos como “fraudes”, a pesar de evidencias claras de sus competencias y capacidades. Este sentimiento puede llevar a un ciclo de ansiedad, autocrítica intensa y una baja autoestima, afectando tanto la vida profesional como personal.
Como explica la psicóloga Noelia Centeno “el fenómeno no discrimina en términos de género, edad o campo profesional. Desde estudiantes brillantes hasta exitosos ejecutivos, todos pueden sentir en algún momento que no merecen sus logros. Esto puede atribuirse a múltiples factores, como altas expectativas personales, comparaciones constantes con otros y una cultura que celebra el éxito sin discutir los desafíos y errores que lo acompañan”.
-¿Las redes potencia esta sensación de “no ser suficiente” con su mensaje exitista?
En la era digital, donde las redes sociales exaltan los éxitos de manera instantánea y la presión por el rendimiento está en su punto más alto, claramente es una presión extra que influye y mucho, incluso intensifica este síndrome . Las percepciones distorsionadas de la realidad y la autoevaluación constante pueden perpetuar sentimientos de insuficiencia, incluso en individuos altamente competentes.
¿Cómo nos paramos frente a este problema para salir adelante?
Reconociendo y abordandolo. Es crucial para el bienestar emocional y el desarrollo profesional. Estrategias como la reflexión consciente sobre los logros, la comunicación abierta con colegas y mentores, y la búsqueda de apoyo psicológico pueden ayudar a mitigar sus efectos. Además, entender que el fracaso y la duda son partes naturales del crecimiento humano puede aliviar la presión autoimpuesta.
Salud mental ante todo
A medida que la conversación sobre salud mental gana terreno en la sociedad contemporánea, el síndrome del impostor se convierte en un tema relevante y urgente. Educar sobre sus causas y efectos no solo reduce el estigma asociado con la inseguridad profesional, sino que también fomenta entornos laborales más comprensivos y colaborativos.
En última instancia, desenmascarar este problema implica un acto de autocompasión y aceptación personal. Reconocer que los sentimientos de duda no invalidan los logros alcanzados es el primer paso hacia una autoimagen más realista y equilibrada. En un mundo donde el éxito puede parecer efímero y las expectativas abrumadoras, cultivar una confianza basada en la autenticidad y el esfuerzo genuino es una victoria en sí misma.
Según marcó la especialista “el síndrome del impostor no es una marca de debilidad, sino una manifestación de la complejidad humana frente a desafíos y logros. Con comprensión, apoyo y autoreflexión, podemos aprender a gestionar estos sentimientos y prosperar en nuestras carreras y vidas personales con una confianza renovada y una percepción más clara de nuestro verdadero valor”
La profesional estuvo con el equipo de Cada Día, mirá la nota