Sueño segmentado: ¿Buen compañero de cama?

Sueño segmentado: ¿Buen compañero de cama?

Dormir por ciclos era un hábito normal en muchas culturas desde la Edad Antigua hasta principios del siglo XIX; sin embargo, se siguen teniendo dudas sobre cuán saludable es. Lo que tenés que saber en esta nota.

Se acuesta a las 23, tratando de modificar horarios para dormir las preciadas 7 u 8 horas para luego despertar fresco y optimizar su día de trabajo, conjugado con algo de deporte y ocio (en el mejor de los casos). La instantánea es exquisita, casi de otro planeta y otra época, porque el lujo de que el organismo duerma de corrido esas 7 u 8 horas, más la concreción de hacerlo posible parece de ficción. ¿Por qué? Multiplicidad de factores: la revolución industrial, el ritmo activo de trabajo aún en el propio hogar (oficina on line), la tarea titánica de ser madre o padre de bebés y niños que marcan un ritmo de sueño mezquino para los adultos, o tener más de un trabajo por esgrimir sólo algunas de las razones.

De allí apareció el denominado “sueño segmentado”. ¿Bueno? ¿Malo? ¿Una característica de la época que compensamos en el resto del día? ¿Es posible y sobre todo bueno adaptarnos a esta segmentación?

Según explica Celia Daraio (médica neuróloga especialista en sueño) “el cerebro se puede adaptar al sueño segmentado sin problema). De hecho, hay profesiones o trabajos como los nuestros (que hacemos medicina del sueño) en donde hay técnicos que trabajan de noche, y durante el día hacen sueño segmentado, son muchas las profesiones y trabajos que transitan por esto. Algo que además fue exacerbado en la pandemia.

– ¿Cómo lo potenció?

-Extendimos las horas que teníamos para dormir por falta de actividad fuera de casa, c (confinamiento obligatorio) con mucho más tiempo disponible para hacerlo. Si bien al principio uno podía dormir mucho más que en la normalidad, luego la necesidad de esas horas (siete u ocho) se fueron modificando dando lugar al sueño segmentado. Las personas se acostaban más tarde, se dormían luego levantándose sin horario estrictos, y luego no se tenía sueño”.

– ¿Cuándo es un peligro el sueño segmentado?

-Cuando provoca angustias y alteraciones emocionales, ya que en ese caso una causa del sueño segmentado son los trastornos de ansiedad y la depresión, y allí sí es importante ver a un profesional. Si no son sólo ajustes de horarios y organizarse mejor para poder descansar.

 

– ¿Y qué sucede con el clásico “” hay que dormir 8 horas” sino el cuerpo no se recompone?

-Eso no implica que deba ser de corrido, ni que tienen que ser 8 las horas por dormir. Entre seis y ocho horas es lo normal y puede ir cambiando a medida que crecemos. Además, no necesitamos quizá dormir de corrido a la noche, sino recuperar (por ejemplo, en la siesta) horas cuando el organismo lo pide. Lo que a uno le permite realizar sus actividades durante el día, “esa es la verdadera necesidad de sueño”.

Que dormir bien es imprescindible para tener salud, está fuera de toda duda. Que los ciclos de luz solar y los cambios estacionales afectan a nuestro sueño, también. A partir de aquí, quizá no esté mal que cada persona consiga disfrutar del descanso necesario de la forma que sea más conveniente en función de sus circunstancias y necesidades. Lo importante es lograr el descanso que cuerpo y mente necesitan para funcionar mejor.

El sueño: un laboratorio reparador

Durante la noche y según la Fundación Nacional del Sueño “nuestro cerebro recibe un gran impulso energético y se activa, cae nuestra presión arterial, la respiración se ralentiza, las hormonas del crecimiento son liberadas, los músculos se relajan, y además muchos otros procesos también se ponen manos a la obra. Seis de ellos punto por punto

1. Hormonas del hambre

De acuerdo con la Red de Salud Hormonal, a medida que nos dormimos, el sistema digestivo hace que las hormonas llamadas leptina y ghrelina se equilibran. La primera inhibe el hambre y la segunda, lo estimula. Si no dormimos lo suficiente, el equilibrio de estas hormonas podría alterarse, lo cual explica por qué las personas con insomnio ven afectado su apetito.

2. Movimientos en los ojos

Los movimientos oculares son uno de los factores más conocidos a la hora de ir a dormir. Este movimiento es el resultado de la limpieza que hacen nuestros párpados. Así pues, las legañas que se acumulan en las esquinas de los ojos “son las células descartadas; los residuos como las bacterias o el polvo que los párpados recogen cuando se cierran casi a modo de cremallera”, explica Dr. Ivan Schwab, oftalmólogo de la Escuela Davis de Medicina de la Universidad de California.

3.Cuerpo reparador

Cuando dormimos nuestro cuerpo libera la hormona del crecimiento -somatotropina-, que se encarga de que crezcan y se reparen los músculos y los huesos. Funciona mejor durante el sueño porque nuestros músculos están más relajados.

4. Defensas al cien por cien

Según el Instituto Nacional del Cáncer “nuestro sistema inmunológico amplía su defensa mientras dormimos, al ampliarla combate infecciones y libera una proteína llamada factor de necrosis tumoral que podría eliminar células cancerígenas”.

5. Sin estrés

La plena relajación en la que nuestro cuerpo cae cuando nos vamos a la cama se debe a la disminución de los niveles de cortisol, una hormona esteroide relacionada con el estrés. Según la Red de Salud de la Hormona, “cuando los niveles son altos es porque pasamos por una etapa de ansiedad o depresión”.

6. Mejora en la piel

Así como nuestros músculos se reparan mientras dormimos, nuestra piel trabaja en su propia restauración. Se generan más células de la piel y ésta ralentiza su descomposición. En este punto la energía necesaria de los tejidos no está disponible a la luz del día, con lo cual una siesta no hace que la piel se regenere.

La profesional estuvo en Cada Día y habló mucho más sobre el tema. Mirá la nota

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