¿Te bañás en el horario correcto? La ciencia revela algo que te sorprenderá

¿Te bañás en el horario correcto? La ciencia revela algo que te sorprenderá

Bienestar

Desde la microbiología hasta la medicina del sueño, distintos especialistas analizan cómo el momento del baño puede influir en la higiene, el descanso y el bienestar general. Un estudio reciente revela datos clave sobre la transpiración nocturna, la proliferación de bacterias y el impacto de la ducha en la calidad del sueño.

La rutina de la ducha diaria suele estar marcada por costumbres personales, horarios laborales y preferencias de descanso. Sin embargo, desde la microbiología y la medicina del sueño, surgen nuevas evidencias que permiten repensar cuál es el mejor momento del día para ducharse. ¿Conviene hacerlo al despertar o antes de acostarse? La respuesta no es única, pero sí tiene fundamentos científicos que vale la pena considerar.

Según la microbióloga clínica Primrose Freestone, profesora en la Universidad de Leicester, la ducha matutina ofrece ventajas concretas en términos de higiene. Durante la noche, el cuerpo transpira, acumula células muertas y entra en contacto con bacterias presentes en las sábanas. “El sudor nocturno alimenta microorganismos que generan mal olor, como los estafilococos que descomponen compuestos sulfurosos”, explica Freestone. Por eso, comenzar el día con una ducha ayuda a eliminar residuos y reducir la proliferación bacteriana.

Desde la dermatología, el especialista Alok Vij, de Cleveland Clinic, señala que no existe una única recomendación válida para todos. “La elección del horario depende del tipo de piel, el nivel de actividad física y el entorno en el que se vive”, afirma. En climas cálidos o tras entrenamientos intensos, ducharse por la noche puede ser más efectivo para remover polvo, polen y alérgenos acumulados durante el día. Además, evita que esos residuos se transfieran a la ropa de cama.

En términos de descanso, un estudio publicado en Sleep Medicine Reviews indica que ducharse con agua caliente entre 40 y 42 °C, una o dos horas antes de dormir, puede mejorar la calidad del sueño. El mecanismo es fisiológico: al salir de la ducha, el cuerpo libera calor, baja su temperatura central y estimula la producción de melatonina, la hormona que regula el ciclo circadiano. Esta práctica puede reducir hasta un 36 % el tiempo necesario para conciliar el sueño, según el metaanálisis.

La higiene del entorno también juega un rol clave. Si las sábanas no se lavan con frecuencia —al menos una vez por semana, según recomendaciones médicas—, los beneficios de la ducha nocturna pueden diluirse. Durante el sueño, el cuerpo sigue transpirando y liberando células cutáneas, que sirven de alimento para ácaros del polvo. Estos microorganismos liberan desechos que pueden provocar alergias, irritaciones o agravar cuadros respiratorios.

En Argentina, una encuesta realizada por la consultora OH! Panel reveló que el 62 % de las personas se ducha por la mañana, mientras que el 28 % lo hace por la noche y un 10 % repite el hábito dos veces al día. Entre quienes eligen la ducha matutina, el principal motivo es la sensación de activación y frescura. En cambio, quienes prefieren la noche priorizan la relajación y el descanso. La elección, entonces, parece estar más vinculada al bienestar emocional que a criterios estrictamente médicos.

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